Sociedad

Conchita, la abuela de Pablo Díaz: “Le ponía los roscos de pequeñito y acertaba todas las palabras”

El tinerfeño Pablo Díaz se lleva el ‘superbote’ de 1.828.000 euros de ‘Pasapalabra’ y Las Galletas, lugar donde veranea y reside su abuela, estalla de júbilo con el joven violinista

Aplausos en los balcones, lágrimas de emoción, algunos voladores y gritos de “Pablo, Pablo”, como si fuera un futbolista que acaba de marcar un gol decisivo en la Eurocopa. Así reaccionó anoche Las Galletas cuando el tinerfeño Pablo Díaz pronunció, pasadas las 22.00 horas, el vocablo con el que tocaría el cielo de Pasapalabra: Dux.


Era el dardo en la diana tras la última pregunta formulada por el presentador: “Contiene la X. En las repúblicas de Venecia y Génova, príncipe o magistrado supremo”. En ese momento, Pablo marcó el gol de su vida ante millones de espectadores tras firmar una espectacular remontada que le hizo llorar como un niño.


Después de 262 programas (récord en el plató Antena 3), el carismático concursante, de 24 años y con “carita de buen niño”, como lo define gran parte del vecindario del núcleo costero aronero, donde reside su abuela Conchita, iluminaba de verde las 25 letras del rosco y se embolsaba 1.828.000 euros, aunque el 40% irá a parar a las arcas de Hacienda. Una cantidad a la que hay que sumar más de 200.000 euros ganados hasta ayer.


A la tercera participación fue la vencida. En la primera, Pablo aguantó 47 programas y, en dos ocasiones, se quedó a una palabra de completar el Rosco. Su segundo paso por el plató del concurso fue más efímera, con tres apariciones, aunque en una de ellas rozó el codiciado bote. En esta tercera edición, la suerte por fin le ha sonreído, después de acariciar el premio en innumerables ocasiones. Quién se lo iba a decir a aquel niño que se sentaba con su abuela delante de la pequeña pantalla a adivinar palabras a partir de la primera inicial, como recordaba ayer mismo Conchita en declaraciones a DIARIO DE AVISOS.


“Yo le ponía los roscos para entretenerle de pequeñito y acertaba todas las palabras, hasta que un día le dije: ‘Pablo, tienes que presentarte a Pasapalabra, sigue estudiando y cuando tengas 18 años escribes y te presentas’. ‘Sí, abuela, te lo prometo’, me dijo”.


Conchita es hoy una abuela feliz. “Siempre me lo dedica y está muy pendiente de mí, y me dice: ‘Gracias por haberme animado a estudiar”. La abuela del concursante de televisión más popular de España recuerda cómo Pablo, apasionado del violín, enseñaba música a niños inmigrantes en la costa de Arona. “Cuando me jubilé, vine a Las Galletas a vivir y estuve 10 años en la Asamblea de Cruz Roja, donde montamos una escuelita para inmigrantes. En unas vacaciones que traje a Pablo, cuando él tenía 11 o 12 años, dio un taller magistral de clase de solfeo a los niños y un concierto de violín”. Su talento también lo comprobaron los turistas que se alojaban en el aparhotel Alborada, en Costa del Silencio, donde Conchita tenía un apartamento, lugar en el que los clientes se arremolinaban en el hall de entrada ante un adolescente que tocaba el violín como los ángeles. “Él adora Alborada y adora Las Galletas”, remarcó.

gran expectación


En el núcleo costero no se hablaba ayer de otra cosa. Numerosos establecimientos lucían a la entrada y en sus escaparates la imagen enroscada de Pablo. “Es un niño muy bueno, un crack. Recuerdo un día que entró a la tienda y empezamos a hablar de piedras preciosas. Me llamó la atención cuánto sabía del tema”, manifestó a este periódico, poco antes de la emisión del programa definitivo, Loly, propietaria de la joyería Karat de Las Galletas, que ayer empapeló su escaparate, como otros tantos comercios, con la imagen del popular concursante dentro del rosco acompañado de la frase: “Con la P: próximo ganador de Pasapalabra: Pablo Díaz”. Acertó de lleno. El Ayuntamiento de Arona ya prepara un homenaje a su mejor embajador. No es para menos.