por qué no me callo

La correspondencia del mar

Las aguas canarias son ya parte del territorio archipiélagico estatutariamente hablando. Marruecos quiere meter el dedo en la llaga de las aguas estimando que es su turno. Se siente en una posición privilegiada tras sellar acuerdos ventajistas con Trump, que en el tiempo de prórroga vendía su alma al diablo y firmaba papeles de Estado sin echarles un vistazo. Trump pisoteó las resoluciones de la ONU sobre el Sáhara de casi medio siglo de vigencia y regaló al rey alauí un diploma de soberanía sobre la antigua colonia española a cambio de que reconociera a Israel cuando todavía gobernaba su cómplice y confidente Netanyahu, que bombardeaba a los palestinos para solazarse entre las acusaciones por corrupción y las últimas horas en el poder.


En algunas rondas palaciegas los reyes descubren intentonas golpistas y logran abortarlas. Mohamed VI no quiere que le ametrallen como a su padre volando en su avión. Hassan II montó la parodia de la marcha verde e invadió el Sáhara en mitad de alguno de aquellos golpes de palacio. Mohamed tiene la salud frágil y fama de ausente, porque siempre estaba en París. No descarto que tema por su propia suerte y esté blindando la corona con esta mezcla de marcha azul con menores en Ceuta y la fiebre armamentista que le ha entrado midiendo sus fuerzas con España. Si Goytisolo levantara la cabeza, se le atragantaría el té a la menta en la Plaza de Xmáa-El-Fna. Mohamed quiere ir a por todas y persigue que España ceda lo que no está escrito si espera restablecer las relaciones. La cabeza de la exministra Laya no era un trofeo bastante; el rey de Marruecos quiere el premio gordo, que España le reconozca la soberanía del Sáhara, le haga concesiones fronterizas en Ceuta y Melilla y en el dominio de las llamadas aguas canarias, que hace unos meses ya violó flagrantemente mediante dos leyes unilaterales para abrirse paso hacia el telurio de nuestras islas abuelas.


Pero en sus cálculos de oportunidad considera que es el momento de hacer presión a Sánchez hasta ver dónde llega. Sueña con las bendiciones de España sobre su toma del Sáhara en el 75 y por qué no, sobre sus pretensiones marítimas como amo de los bancos de pesca de esta costa de África, dejando a Canarias sin parte de sus aguas y sin esas minas naturales submarinas que podrían valer oro cuando se puedan explotar.


Marruecos nunca enseña todas sus cartas. Cuando la guerra del petróleo hizo planes al margen de las Islas sobre el yacimiento de crudo y gas que compartimos. En materia portuaria hace la competencia a Canarias al derecho y al revés, como, por otra parte, es legítimo. Y tanto saca tajada de Europa por contener al islamismo del Sahel, como ofrece sus bases a Estados Unidos para que desmantele las de España. Si nos enfundáramos en su chilaba, veríamos el mundo con otros ojos, me digo queriendo entender sus movimientos tácticos y la paciencia infinita de que hace gala hasta conseguir lo que quiere pidiendo dádivas por el canon de velar por sus fronteras. La correspondencia del mar. Estamos en dos orillas y las cartas de Marruecos nos llegan en sus pateras. Hasta que el buzón se llena.

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