por qué no me callo

La mano de Michelle que toca la puerta con oro

La musa de Tokio, Michelle Alonso, es un caso paradigmático que apetece valorar en su justa dimensión. Es el éxito en estado puro, una espoleta en la monotonía de la pandemia que nos saca del laberinto y nos lleva con ella a una suerte de paraíso o de cuento de hadas. El hecho de que la Sirenita se reafirme de ese modo inalterable, juego tras juego, de Londres a Río de Janeiro y por último al epicentro paralímpoco de Japón, la erige en icono de su generación, insular y aventurera, en la ninfa de los sueños. “Estoy todavía soñando y va a sonar el despertador en cualquier momento”, dijo con una simpática metáfora delante de las cámaras nada más salir del agua. Es la nadadora que va de orilla a orilla, la isleña amazona que bate récords y surca las aguas como una sirena de carne y hueso que no conoce la derrota.

El cuento de Michelle tiene siempre un final feliz, una veces nada contracorriente, como esta vez, a riesgo de contraer el virus, midiendo sus fuerzas con el miedo.

Michelle es una demostración de pilares contra las adversidades de este tiempo que nos sirve a los demás como ejemplo de autoayuda. Suyo es el oro de Tokio, que comparte con Guadalupe, el entrenador que apostó a todo o nada en la carrera de su pupila. Guadalupe tiene un sumario de vivencias que revelar sobre la travesía de Michelle hasta llegar, una y tres veces, al oro del olimpo en su especialidad. Si hubiera sido hija del Tío Sam, los americanos ya estarían haciendo la película de la Sirenita, la Simon Biles de los 100 metros braza SB14.

El mundo la ha conocido por sus brazadas, que son el premio a un esfuerzo de superación en un periodo de obstáculos superlativos. No lo han tenido fácil Michelle y Guadalupe, que han sido Quijote y Sancho con molinos en cada esquina.

Deberíamos tener con esta historia feliz una admiración consecuente, haciendo el esfuerzo necesario para comprender ante qué clase de éxito estamos en esta apoteosis de Michelle. No es solo el oro de un deporte, sino de una vida, un caso de valentía extrema y la conquista de los retos de una atleta que es tan valiosa por sus logros en la piscina como en las aguas inclusivas de los seres humanos que representa cuando sobrenada su vida ya sin bañador.

Premio Taburiente de la Fundación DIARIO DE AVISOS 2018, Michelle Alonso nos ha dado la mayor alegría del año. Le estamos muy agradecidos sus paisanos y tendrá que hacerse justicia con ella y su club deportivo Midayu, después de las veces que se les dio la espalda con la ceguera de la discapacidad política en algunas puertas que no respondieron antes de que tocara con las manos llenas de oro.

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