Por qué no me callo

La Palma, ante el espejo

Bajo el volcán se perciben los días con otro marchamo. Venimos de estar bajo el flagelo del virus y estamos mentalizados. La erupción de La Palma es una rememoración de lo que tanto nos repetimos acerca de nuestra identidad. En el polo norte, el hábitat es el que es; aquí, en el subtrópico africano, tenemos […]

Bajo el volcán se perciben los días con otro marchamo. Venimos de estar bajo el flagelo del virus y estamos mentalizados. La erupción de La Palma es una rememoración de lo que tanto nos repetimos acerca de nuestra identidad. En el polo norte, el hábitat es el que es; aquí, en el subtrópico africano, tenemos los condicionantes respectivos, el alisio, la calima, las horas de sol y el abracadabrante volcán.


Cuando llegó la pandemia nos documentamos y el guion de la historia nos retrotrajo a cien años atrás. Este domingo, al señalar el reloj las 15.11 horas, abrió la boca el nuevo volcán en la zona de Jedey, en el punto conocido como Cabeza de Vaca, en El Paso, donde días antes un incendio intempestivo avisó de los designios del destino como una pista para los augures de la erupción. De nuevo, la hemeroteca nos llevó de la mano a los límites temporales del fenómeno. 50 años atrás, en la senda volcánica común de Cumbre Vieja, había explotado el Teneguía, y las escenas bucólicas de agricultores en plena faena mientras la tierra escupía la escoria, nos tranquilizaban.


Ahora estamos en el día después. La misma intriga que en El Hierro, la espera del parto, los temores inevitables por sus efectos destructivos. Todo lo que se abre camino causa estragos a su paso, en una medida desconocida, hasta que el orden de las cosas se restablece. Este es un volcán a todas luces. De noche, tiñe de rojo el cielo de La Palma. Ha arrasado con casas y fincas. Es evidente el daño. Las autoridades -fue el primer mensaje de Sánchez esa noche que pisó la Isla- prometen correr con los gastos. Es inevitable sentir dolor, acompañar en el duelo a los paisanos palmeros, que asocian su ruina con América, adonde emigraban con las sequías. Esta puede ser una travesía superable en términos modernos, con fondos estatales y de la UE.


La geología imparte un máster en Canarias desde que hace diez años brindó a la ciencia el primer volcán submarino en directo. Ahora expone el desarrollo de una erupción presencial en el ámbito polémico de Cumbre Vieja, donde los volcanólogos venían sosteniendo un debate apocalíptico sobre el volcán, el megatsunami y las hoscas olas gigantescas amenazando las costas de América. No es esta una erupción cualquiera. La están siguiendo ojos con distinta mirada en las cuatro esquinas del planeta. La Palma está bajo los focos de la ciencia, la geología y el esoterismo. De este aquelarre saldrá, como resultado, un paisaje y un nuevo capítulo de esa leyenda. La magia del Archipiélago es su magma, del que depende su morfología, su tormento y su belleza. Así somos. Ahora estamos, en La Palma, ante el espejo.