Tribuna

Queridísima Penélope

Aquí estoy, igual que Sherezade, escribiendo historias para engañar a las mil y una noches que llevo sin que me corten la cabeza. Ando como tú, tejiendo y destejiendo el tapiz a la espera de que regrese Ulises, pero el hijo de Laertes no vendrá, anda por ahí entretenido con los cantos de las sirenas, […]

Aquí estoy, igual que Sherezade, escribiendo historias para engañar a las mil y una noches que llevo sin que me corten la cabeza. Ando como tú, tejiendo y destejiendo el tapiz a la espera de que regrese Ulises, pero el hijo de Laertes no vendrá, anda por ahí entretenido con los cantos de las sirenas, visitando a Circe y creyendo hablar con su madre en las profundidades del Hades. Pienso que se ha desquiciado con tanto viaje, con tanto prueba aquí y prueba allá, mientras le tienes la ropita preparada en el arca, para que todo esté como lo dejó antes de su partida. Pienso que el día que regrese no te va a reconocer, aunque todavía tengas su imagen intacta en la memoria. Eso es lo que tiene no poderse bajar del modelo que un día fabricamos para nuestra felicidad. Ya sé que hay otras cosas. Los príncipes te rondan esperando hacerse con el reino de Ítaca, pero tú te empeñas en mantenerlo intacto para que sea su padre el que se lo entregue íntegro a vuestro hijo Telémaco. Serrat te tiene sentada en el andén, con tu bolso de piel marrón y tus zapatos de tacón, meneando el abanico. ¡Qué cosas! Con lo bueno que es ver pasar al tiempo sin esperar nada, no andar siempre preguntando al cartero si trae algo para ti. Amanece y ya traquetean las puertas metálicas del hipermercado que está frente a mi casa. Aún no han empezado a salir las doñas a pasear a sus perros y dejar las aceras perdidas de cacas. Con estas vulgaridades me entretengo desde la ventana. Anoche, con el calor, me moví demasiado en la cama y amanecí atravesado, al bies, con la sábana enrollada entre las piernas. ¿En realidad qué es lo que me asaltó en los últimos instantes del sueño? ¿Qué obsesión es la que alumbraba el tema sobre el que iba a escribir esta mañana? Ninguna. Solo un lio con palíndromos para intentar desentrañar la vida en su visión inversa, ya que del derecho me resulta muy difícil reconocerla. He pensado en Adán y, fíjense por donde, visto al revés es la nada. También me he dado cuenta de que, quitándole esa última vocal innecesaria, queda reducido al ADN, que es el resumen misterioso de nuestra esencia más elemental. Eva es lo contrario del ave que representa el vuelo de la libertad. ¿Y yo que soy? Un amasijo de ideas deshilvanadas a las que les cuesta ponerse en orden, someterse al rigor de la literatura para aparecer en el muestrario de los morgenblatter que se despliegan alegremente en un vals de Strauss por las plazas de Viena. Adán es lo contrario de la nada. ¿Qué quiere decir esto? La primera conclusión parece ser que no merece la pena salvar a Ítaca, que pase lo que pase, el futuro será algo menos que las cenizas que se esparcen en el aire. O quizá sea solo eso: una transformación que se empeña en demostrar la continuidad de las cosas. Ver pasar el tiempo me provoca la náusea existencial. Yo creo que para defenderse de esa decepcionante monotonía Dalí pintaba sus relojes fláccidos y amoldables a las circunstancias. El tiempo acomodado a nuestra conveniencia. Eso es lo que soñé anoche. Penélope sentada en el andén, esperando la llegada del tren, tejiendo y destejiendo su cortina al ritmo de los cronómetros parados, esos que han dejado al mecanismo de sus almas colgado de las ramas secas de la desesperanza.