El charco hondo

Tortuga

Una de las tradiciones más arraigadas entre los grupos parlamentarios (de aquí o allá, tanto da) consiste en ponerse los diputados a cubierto durante los asedios, utilizando una orden de batalla -la formación en tortuga- que empleaban, con tanta destreza como buenos resultados, las legiones romanas. Cuando las críticas llueven con furia sobre el techo […]

Una de las tradiciones más arraigadas entre los grupos parlamentarios (de aquí o allá, tanto da) consiste en ponerse los diputados a cubierto durante los asedios, utilizando una orden de batalla -la formación en tortuga- que empleaban, con tanta destreza como buenos resultados, las legiones romanas. Cuando las críticas llueven con furia sobre el techo de la Cámara, haciéndolo sobre el conjunto -censurándose en la calle a quienes se sientan en los escaños como colectivo, sin identificar excepciones- los parlamentarios se cubren con sus escudos solapándolos a modo de caparazón. Saben los diputados que si la táctica es utilizada correctamente (después de tantas legislaturas, la pericia es notable) la formación en tortuga los protege frente al desconcierto de la opinión pública, permitiéndoles sobrevivir al asedio de contribuyentes, crónicas, redes y articulistas cuando trasciende la apatía, el desconocimiento, la falta de criterio y la inacción, las bocas de agua de la institución, la parsimonia y el sinsentido político que han silenciado durante diez meses un informe sobre la situación de algunas residencias de mayores, documento que sitúa esos centros -veinticinco, al menos- en el territorio de la vergüenza colectiva, al tener atrapados a los mayores en espacios humillantes, insalubres. Con los diputados ganando horas o días, con la respiración contenida para que las responsabilidades se difuminen y vuelva a salir el Sol, al otro lado de la Cámara se acumulan las preguntas, dudas y responsabilidades que deben ser respondidas o, en su caso, políticamente asumidas. El informe se registró en la Cámara hacía diez meses, pero según la legión parlamentaria nadie supo nada porque nadie comunicó nada. Conociendo los términos del documento, ¿la adjunta al Diputado del Común se limitó a entregarlo sin comentar el contenido con algún grupo, consejera o miembro de la mesa de la Cámara?, ¿acaso lo registró y a otra cosa?, ¿por qué no se convocó la comisión correspondiente para debatirlo?, ¿las residencias solo se inspeccionan a instancia de parte o de oficio?, ¿cuántas veces al año se les echa un vistazo?, ¿es cierto que se valoró llevarlo a comisión pero se dejó para otro momento?, ¿tenía o no constancia la Consejería de Asuntos Sociales? Los mayores -nuestros mayores, se coreó cuando las olas de la pandemia se los llevaba a mar adentro- bien merecen que por una vez los grupos parlamentarios no respondan al asedio defendiéndose sino dando la cara, y asumiendo cada cual lo que toque. Deben promover mejoras en la fiscalización y situación de los centros y abandonar la formación en tortuga -animal que se mueve a una velocidad que, a la vista está, les resulta muy familiar-.