el charco hondo

El volcán de las expectativas

En la antesala del enfado, con un creciente escepticismo multiplicando las bocas del malestar, y con coladas de decepción sepultando el ánimo de los palmeros, el volcán de las expectativas frustradas amenaza con pasar factura al presidente, Ángel Víctor Torres. Cuando las soluciones no llegan —o no cristalizan en un plazo razonable, que a ojos de los afectados ya se ha cumplido— el carisma pierde fuelle, fundiéndose a una temperatura de mil doscientos grados la empatía que un presidente, Torres, por ejemplo, pudo generar inicialmente. Quienes van, están o vuelven del volcán, aquellos que hablan con los vecinos, cuentan que los palmeros agradecen la emoción, el buenismo y las exhibiciones poéticas, los gestos o las estrofas cardiovasculares, pero lo que exigen —y merecen— es gestión, resultados, hechos, soluciones tangibles, ayudas a mano, criterio, agilidad, reflejos; respuestas, básicamente. En La Palma no entienden, y no les falta razón, cómo es posible que treinta y ocho días después de que el volcán empezara a cambiarles la vida —emprendiendo un viaje sin billete de vuelta— los anuncios arrinconen a los hechos, bien lejos del ritmo extraordinario que requiere una situación tan excepcional. La expectativa generada tiene un comportamiento muy parecido al del bumerán, solo que la frustración —que, según cuentan, va a más en La Palma— lejos de conformarse con regresar la punto de partida acaba impactando en la imagen, el cartel y la posición de Ángel Víctor Torres. El relato emocional tiene fecha de caducidad. Con los afectados preguntándose dónde están las ayudas, los alquileres o los remedios para las urgencias más inmediatas, el presidente está arriesgándose a salir del volcán más débil de lo que llegó a la erupción. Un cráter de burocracia —salpicado con algún que otro despiste y error— está impacientando a los afectados, gente con treinta y ocho días de cansancio, incertidumbre y estrés a sus espaldas, vecinos, familiares y conocidos a los que la poesía le sabe a poco. Exigen gestión y eficacia, hechos. Torres debe ser consciente de que legislaturas y ruedas de bicicleta pueden reventar en cualquier curva. Pinchar con la gestión del volcán o desatender otras tareas, negociaciones, desafíos u objetivos que tiene pendientes —desentenderse de la agenda canaria, en definitiva— puede empezar a debilitar a un presidente, Ángel Víctor Torres, al que más allá del relato emocional que lo envuelve la opinión pública (el contribuyente) le exige resultados.

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