erupción la palma

La lucha de los afectados contra el dolor para soñar un futuro

Gregorio perdió este fin de semana los seis celemines de plátanos con los que pensaba salir adelante; días antes se quedó sin casa, donde nacieron cuatro generaciones de su familia

Gregorio García perdió este fin de semana lo único que le quedaba: seis celemines de plátanos que completaban los 600 euros de pensión tras 40 años cotizados como agricultor. Entre las más de 560 hectáreas afectadas ya por la colada del volcán y en un fondo negro de kilómetro y medio de ancho, la devastación no solo se ha llevado su medio de vida. “Antes ya se llevó mi casa, el lugar donde vivieron mis tatarabuelos, mis abuelos y mis padres”. Se refiere Gregorio a esa línea de Todoque en la que todavía quedaban, hasta hace tres días, viviendas en pie, vigiladas desde el vecino barrio de La Laguna por el mismo, por otras decenas de familias.

Ahora, vive en un piso de alquiler en Tazacorte, donde justo ayer se confinaban los cuatro barrios más al norte de la Villa para prevenir la inhalación de gases tóxicos provenientes de una fabrica de cemento del Callejón de la Gata, la zona industrial de Los Llanos de Aridane. Gregorio quiere volver “no al mismo lugar, sé que eso es imposible, pero sí a una parcela de 500 metros donde intentar recuperar la vida”.

Este palmero afectado por el volcán pertenece a ese cada vez más numeroso grupo de desplazados por la catástrofe que tiene claro que, “aunque la casa hubiera quedado en pie, la proximidad de la lava y la estructura no la hacen habitable. Es imposible pensar ya en eso, ahora toca mirar cómo vamos a seguir adelante”. Pero Gregorio tiene la esperanza de la solidaridad y solicita a esta redacción que recojamos su petición: “Pido la solidaridad de los municipios de Canarias para que, si es posible, podamos tener nuestra pequeña parcela, un espacio”.

“Ya estamos bastante tocados, todos han visto las imágenes de destrucción y no había ni una casa que no tuviera un jardín y una huerta. Hay gente que quiere irse y que ya está hecha a la idea de permanecer en un piso, pero para mí y para mis vecinos más cercanos eso sería terrible. Por eso hacemos un llamamiento a todos los municipios de Canarias para que nos den un pedacito de tierra, ojalá pudiera ser en Los Llanos, pero sabemos que eso es difícil, casi un milagro”, manifiesta.

Gregorio teme la maraña burocrática a la que se enfrentarán cuando intenten, si llega ese momento, construir de nuevo una casa. “Si vamos a fabricar sería terrible estar tramitando permisos, porque en eso se nos puede ir la poca energía y las fuerzas que nos quedan. Tienen que intentar facilitarnos las cosas”.

Cómo gestionar ahora la salud mental de los cientos de afectados y desplazados por el volcán es otro de los grandes desafíos de la sociedad del Valle de Aridane. “Casi todo la gente que conozco ha hecho poco a poco sus casas; un año ponían una pared, al otro una pérgola, pero, más allá de todo eso, cada día vas recordando más cosas y no soy capaz de decirlo con palabras, porque se juntan muchos recuerdos, muchos pensamientos, todo lo que queda atrás”, explica.

Ayuda

La Plataforma de Damnificados por el Volcán tiene entre sus peticiones al Gobierno de Canarias y al Estado un plan de refuerzo de la sanidad palmera en materia de salud mental y psicológica, “porque con los recursos disponibles en la Isla -señalan- es imposible atender los problemas que se derivarán de esta etapa”. Más difícil será la cancelación de todas las hipotecas y préstamos que hubiera sobre los bienes afectados, otra de las peticiones que eliminaría la presión que sufren los damnificados, sobrepasados por el gigantesco esfuerzo de asumir las pérdidas materiales y angustiados por las deudas financieras, sin medio de vida para hacer frente a los pagos, y, en otros casos, con seguros que solo asumirán la cuantía de la hipoteca pendiente.

Dicen los afectados con rotundidad que “en La Palma hemos sufrido incendios e inundaciones en los últimos años y sabemos lo que es asumir y levantarnos después de ser golpeados, pero esto va más allá, no es una catástrofe normal, es de una dimensión similar a la de grandes catástrofes como terremotos, pero sin víctimas, gracias a nuestro eficaz sistema de emergencias”. Desde la Plataforma por el Volcán indican que “la destrucción material y la desaparición de barrios completos se une, en una dolorosa simbiosis, a la pérdida de la forma de vida de cerca de mil familias palmeras. El volcán se ha llevado por delante la vida de una comunidad humana y la referencia de generaciones de personas de todas las edades en El Paso, Los Llanos de Aridane y Tazacorte”.

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