El charco hondo

El mantra del manta

Tengan o no significado literal o sintáctico, según algunas creencias los mantras tienen poderes psicológicos o espirituales. Pronunciados en ceremonias litúrgicas donde los gestos, palabras o pensamientos adquieren su máxima eficacia cuando se ejecutan debidamente, hay quienes, en los ámbitos familiares, profesionales o políticos los han incorporado como figura retórica que ayude, con solvencia o […]

Tengan o no significado literal o sintáctico, según algunas creencias los mantras tienen poderes psicológicos o espirituales. Pronunciados en ceremonias litúrgicas donde los gestos, palabras o pensamientos adquieren su máxima eficacia cuando se ejecutan debidamente, hay quienes, en los ámbitos familiares, profesionales o políticos los han incorporado como figura retórica que ayude, con solvencia o impericia, depende, a apuntalar con repeticiones interminables un pensamiento, eslogan, coartada, titular de prensa o razón de bar y cafetería. Arrebatándoles profundidad y sustancia, hay quienes han despojado al mantra de dignidad, descendiéndolo al trastero donde guardan afirmaciones enlatadas, latiguillos, axiomas de hojalata y frases azucaradas, y repitiéndolas, una vez, y otra, y vuelta, creen otorgarles el beneficio de lo incontestable. De ahí que, acá, o allá, algunos se atrincheren en mantras de ocasión, falsos, pirateados, para eludir responsabilidades, obligaciones y tareas, especialmente quienes integran, con fervor, la tribu de los escaqueados. El mantra palmero, por ejemplo. No conforme con escupir lava y ceniza, el volcán está dejando coladas de excusas que algunos han reciclado, reconvirtiendo una coartada en mantra, en respuesta-tipo que vale para cualquier situación, con independencia del cargo o responsabilidad que se tenga. Imposible, es que estoy desbordado con lo de La Palma -responde, con automatismo y escasa convicción-. Pero, cómo que desbordado con lo de La Palma si usted es asesor adjunto del director general de Flores, Plantas y Cambio Climático -contesta, indignado, el contribuyente-. Algunos están liándose el mantra a la cabeza en ayuntamientos, cabildos y determinados departamentos del Gobierno que no están con lo de La Palma ni falta que hace. Hay otros. El mantra de los suministros, pongamos. Ahora no puedo atenderlo, los cortes de energía en Guangdong, China, han provocado una caída de la producción agravando el cuello de botella de la cadena suministros -te dice-. Ya, pero usted es camarero y le he pedido un barraquito -replicas, sabiéndote vencido-. Y el de los precios, un suponer. Me ha cobrado catorce euros por un bocadillo y un zumo de lata, adviertes. El efecto dominó de la inflación no hace excepciones con sus desayunos -escuchas-. Faroles que tiran de la técnica de los mantras, adulterándola, haciendo trampas, construyendo trincheras de repetición, excusas, costuras de mantra de los mantas.