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Jugar con fuego

Isabel Díaz Ayuso obtuvo 1.631.608 votos (el 44,76% de todo el voto válido) en las últimas elecciones autonómicas madrileñas, que ella misma convocó después de disolver la Asamblea y que se celebraron el pasado mes de mayo. El Partido Popular y su candidato Pablo Casado obtuvieron 879.667 votos (el 24,92% de todo el voto válido) en la Comunidad de Madrid en las últimas elecciones generales, celebradas en noviembre de 2019. Es decir, 751.941 votos menos que Díaz Ayuso, y más de tres cuartos de millón de votos que son de la presidenta madrileña y no de Casado, por el que no está nada claro que esos electores vayan a votar en las próximas elecciones generales.

A la vista de los números anteriores, parece más que razonable que la presidenta madrileña quiera presidir su partido en su Comunidad, lo que, además, y por otra parte, hacen todos los presidentes autonómicos populares, desde Galicia hasta Andalucía. Conservar esos tres cuartos de millón de electores y demostrarles que el partido y Díaz Ayuso son lo mismo, y que todos se alinean sin condiciones con su presidenta, parece no solo más que razonable, sino muy necesario en el camino del propio Casado hacia La Moncloa. Parece más que razonable, y debería ser una verdad evidente para el presidente popular y su secretario general, Teodoro García Egea. Hasta ahí deberían de llegar. No creemos que mucho más allá, pero hasta ahí pensábamos que llegarían.

Pues no, no llegan; los celos, las miserias personales y lo que hace varios jueves denominábamos la pulsión suicida de la derecha española, han lanzado a los inquilinos del número 13 de la madrileña calle Génova (que cada vez nos recuerda más a la inolvidable 13, Rue del Percebe del inmortal F. Ibáñez y que Esperanza Aguirre calificó adecuadamente hace varias semanas) a una guerra absurda en contra de Díaz Ayuso y a la promoción de Martínez-Almeida, un buen alcalde madrileño, pero sin la proyección pública, la base electoral y, ¿por qué no decirlo?, el carisma de la presidenta. Están promocionando al alcalde y, hasta incluso, una tercera vía, con la actual secretaria general del partido en Madrid, Ana Comins. Es un boomerang que se volverá en contra de sus propios muñidores, que están jugando con fuego y que cada vez aseguran más la victoria de Pedro Sánchez en las elecciones generales de 2023, con Almeida como cooperador necesario. Con adversaros así, no hace falta esforzarse mucho para ganar unas elecciones.

La presidenta Díaz Ayuso es el mayor –y mejor- activo electoral de los populares. Tiene una proyección social muy superior a la de Casado, y, hoy por hoy, sería la única candidata que podría ganarle unas elecciones a Pedro Sánchez, aunque, lamentablemente, el candidato popular dentro de dos años será Casado. No obstante, a cualquiera se le ocurre que es prioritario para su partido asegurar, al menos, que ella repita en las urnas su aplastante victoria para seguir controlando Madrid y ayudar, de paso, a ganar también el Ayuntamiento, sin poner en peligro esa victoria con errores de libro, celos de liderazgo y tonterías innecesarias. Pero no, Casado ha decidido imponer su particular autocracia dentro del partido y jugar con fuego, sin tener en cuenta que los que tal hacen suelen terminar quemados. Y mucho.

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