el charco hondo

Lamerse las heridas

Días atrás, en el transcurso de una conversación radiofónica con el Diputado del Común -La mañana de COPE, con Mayer Trujillo- se tejió una fotografía nítida, integral, realista y sincera de la situación, mala, ya injustificable, estancada, y resignada, de la Dependencia en las Islas. La herencia recibida decae como escudo argumental. Atrincherarse en los errores o fracasos del pasado imperfecto, ahora que el ecuador de la actual legislatura quedó bien atrás, pierde fuerza, y razón. Cuesta digerir que ochocientos días después -semana arriba, semana abajo- no se hayan cambiado las dinámicas o, peor aún, que no se tenga un plan más allá de regresar una y otra vez al estribillo de que con la incorporación de cien trabajadores (de los que muchos acabarán en otras tareas) la cosa va a cambiar. Un bucle de expectativas poco creíbles mantiene a los dependientes en un laberinto de lentitudes, silencios y frustraciones. El sistema falla. No funciona. No va. No se agiliza. No ha cambiado. Tampoco han logrado sacudirse la letanía de la falta de recursos, de personal o de ambas cosas. Poco mejoran el mapa mejoras o ecuaciones presupuestarias, porque el cuello de botella sigue ahí, desmintiendo que un incremento de sesenta, setenta o cien millones sea la receta que permita abrir un tiempo diferente. Canarias sigue, ochocientos días después, donde estaba, a la cola, quedándose en propiedad -por reiteración- con el farolillo rojo de la liga autonómica. Otras comunidades arrojan un balance a años luz de los datos que arrastramos en las Islas. Otras regiones nos ponen en nuestro sitio, contándonos, de paso, que sí, que es posible hacerlo muchísimo mejor, incluso bien. Ochocientos días después estamos más o menos donde estábamos, frustrados, a las puertas de convencernos de que el fracaso del sistema es un mal inevitable y autóctono, y no, es falso que no se puedan cambiar las cosas. Si así no, y no, habrá que copiar a quienes sí lo hacen bien o, en su caso, explorar caminos que antes no se han intentado. Si la sanidad concertada contribuye a mejorar, de forma notable, los ritmos o la capacidad de respuesta del sistema, deberían explorarse las mejoras que traería consigo un modelo de dependencia igualmente concertada. Sanidad concertada. Dependencia concertada. Con los datos en la mano, los dependientes tendrían mucho que ganar y poco o nada que perder. Cualquier cosa, lo que sea, menos acabar otra legislatura lamiéndonos las heridas con la herencia recibida, la falta de personal u otros ingredientes que huelen a resignación, poca valentía y escaso atrevimiento.

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