la palma

150 millones de euros para recuperar la red de riego agrícola en La Palma

El volcán ha puesto sobre la mesa las debilidades de un sistema de regadío que el Cabildo quiere corregir con el cierre del anillo hidráulico entre El Remo y Fuencaliente
Decenas de kilómetros de la red de riego están dañados y muchos sepultados. DA

Más allá de una detallada cartografía de zonas de riesgo por el potencial peligro del agua de lluvia y su afección especial sobre zonas costeras, como La Bombilla, a donde no se plantea el regreso sin una planificación clara de los riesgos asociados a la nueva orografia que deja el volcán, el Consejo Insular de Aguas tiene otra preocupación: restaurar varios centenares de kilómetros de conducciones de agua de regadío pública y privada, por valor de 150 millones de euros, que espera poder recibir del fondo de solidaridad de la Unión Europea. El planteamiento no es fácil. ¿Cómo llevar agua a fincas que han quedado en medio de un océano de coladas, algunas rodeadas por hasta 40 kilómetros de altura?

No solo eso. El volcán ha puesto sobre la mesa las debilidades de un sistema de riego que el Cabildo, ahora, en el proceso de reconstrucción que está iniciando la Isla, quiere acelerar con el cierre del anillo insular de riego, conectando El Remo y Fuencaliente. El consejero de Aguas, Carlos Cabrera, explica que esta ya era una de las obras que se proyectó en el mes de junio, tres meses antes de la erupción volcánica. En la actualidad es urgente llevar a cabo el proyecto en un recorrido de 16 kilómetros, con un coste de 20 millones de euros, para el que será necesario no solo que lleguen fondos estatales y regionales, sino el visto bueno de la Demarcación de Costas y del Ministerio de Transición Ecológica. Y es que la actuación estaría dentro del dominio público marítimo terrestre y justo frente a la zona de Reserva Marina.

Cabrera indica que este es un asunto que ya se ha trasladado al Ministerio, pero para el que pretenden contar con una visita de los técnicos del departamento de Costas con el objeto de que puedan comprobar, in situ, la singularidad de la actuación, el terreno y su carácter urgente. “Esta obra es una forma no solo de solucionar un problema puntutal de riego, sino de afrontar en un fututo cualquier problema, roturas, averías o desprendimientos. Esta es una forma de asegurar el transporte de agua con una obra en tierra firme, recorriendo el acantilado”, manifiesta.

Asimismo, apunta que este no es un proyecto que pueda esperar, ya que “no tenemos demasiado tiempo; la obra tiene un plazo de ejecución de un año a partir de que se contrate de urgencia, pero luego, una vez terminada, tendrán que pasar al menos seis meses para llevar agua de un lado a otro”. Si ese proyecto se completa, las desaladoras puestas en marcha para abastecer 6.000 hectáreas de platanera podrían dejar de funcionar, dado que se planteó como una solución transitoria.

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