el charco hondo

Superdomingo

Como cualquiera que esté en política sabe o tendría que saber, los fenómenos aleatorios, realizados bajo idénticas condiciones pero abiertos a resultados alternativos, se contraponen a otros —los deterministas— que arrojan resultados únicos, previsibles, causados por experimentos realizados bajo las mismas condiciones. Saben quienes ostentan responsabilidades orgánicas, o tendrían que saber, que la teoría de la probabilidad asigna un número a cada posible resultado que pueda obtenerse en un experimento aleatorio, de tal forma que se logre cuantificarlos para averiguar si un suceso es más probable que otro. En política, como en la naturaleza, una infinidad de fenómenos tienen una importante carga de imprevisibilidad. Las repeticiones no garantizan una probabilidad definida. Así se explica que la toma de decisiones (fijar la fecha de una convocatoria electoral, por ejemplo) cumplan con algunas pautas mediante distribuciones de probabilidad que corresponden a modelos complejos, a escenarios posibles que, marcados por los diferentes parámetros que intervienen en una situación, animan a los estrategas de los partidos a refugiarse en la estadística, los sondeos, las percepciones, la buena o mala salud de los adversarios, los cálculos y, sobre todo, el optimismo o el pesimismo (el cabreo, incluso) que la situación económica incrusta en el electorado. Con estos ingredientes sobre la mesa, la evidencia de que el Gobierno presidido por Sánchez tiene presupuestos generales para permitirse agotar la legislatura abre de forma automática —de oficio— el melón de un posible superdomingo electoral el último fin de semana de mayo de 2023, coincidiendo con las autonómicas y locales, lo que en Canarias se traduciría en hacer coincidir la campaña y jornada electoral para Congreso y Senado con las de Gobierno regional, cabildos y ayuntamientos. La teoría de la probabilidad y la calculadora de Pedro Sánchez dictan que un superdomingo no es la primera opción; no lo es, pero consta que en modo alguno está descartada. Depende. De la economía, claro que sí. De la atmósfera, favorable o desfavorable para los socialistas, que la recuperación económica haya sembrado a pie de calle, en las familias y empresas. Si en 2023 pesa más la frustración que la satisfacción, los líderes autonómicos y municipales dirán a Sánchez que deje las generales para noviembre; ahora bien, si los sondeos pintan de colores para el PSOE la teoría de la probabilidad disparará la posibilidad de un superdomingo que, aquí, en las Islas, materializando un experimento más determinista que aleatorio, en los ámbitos autonómicos, insulares y municipales beneficiaría tanto a los candidatos socialistas como perjudicaría, y de qué manera, a los nacionalistas (a Coalición, básicamente). Y la cosa es que no se sabrá hasta que acaben las navidades, sí, pero las próximas.

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