conversaciones en los limoneros

“Descubrí la Fuente Santa y ahora no me dejan entrar en ella”

No, por mucha nota que tomé en Los Limoneros, es imposible contar la historia en cinco folios y veinte líneas. La de un hombre, Carlos Soler Liceras, y de su búsqueda incansable de una fuente que los palmeros y los viajeros ilustres creían que era santa
LIMONEROS CARLOS SOLER LICERAS
Carlos Soler Liceras, ingeniero de Caminos, el hombre que recuperó la Fuente Santa. Sergio Méndez

No, por mucha nota que tomé en Los Limoneros, es imposible contar la historia en cinco folios y veinte líneas. La de un hombre, Carlos Soler Liceras (Madrid, 1952), y de su búsqueda incansable de una fuente que los palmeros y los viajeros ilustres creían que era santa, que dio nombre a un pueblo y que decían que curaba la lepra, la sífilis y otras enfermedades de su época. A Carlos lo califican algunos de hombre difícil. ¿Por qué? Porque, por ejemplo, es capaz, como funcionario que fue de la comunidad autónoma, de negarse a firmar facturas de obras no ejecutadas por una multinacional. Lo suspendieron un año y medio de empleo y sueldo, la justicia le dio la razón y le tuvieron que reintegrar todas sus retribuciones negadas y devolverle al cargo. En 1995 recibió el encargo de buscar la Fuente Santa, que había sido sepultada por el volcán de San Antonio, allá por 1677. Y ahora se me presenta la primera disyuntiva: ¿por dónde enfoco esto, por la Fuente Santa o por el hombre que la descubrió, tras perforar una galería de 200 metros y reproducir las piscinas de agua caliente donde las gentes de entonces, con una esperanza de vida de 30 años, curaban sus males? Su relato novelado La Historia de la Fuente Santa (Turquesa) va por la segunda edición y en la tercera cambiará el último capítulo para contar toda la verdad. Tiene un prólogo de Alberto Vázquez-Figueroa, a quien Carlos quiso confiar el relato. Alberto le dijo: “Tú la has descubierto, es a ti a quien te corresponde escribirlo”. Y entonces el prologuista escribió: “Este libro es un canto a la esperanza, al tesón, a la fe de los hombres que creen en algo que ha de ser bueno para sus congéneres y no dudan en sacrificar sus vidas por conseguir que de nuevo renazca la esperanza en los enfermos y en los dolientes”. Pocos palmeros saben que sus antepasados inventaron el agua embotellada, que por cierto no servía para nada. Y el embrión del balneario subterráneo que Carlos Soler construyó está ahora cerrado; y el Cabildo de La Palma, que mantiene su custodia, no deja entrar al hombre que descubrió la Fuente Santa. Doctor Ingeniero de Caminos, Canales y Puertos, especialista en hidráulica y energética, miembro correspondiente de la Real Academia de Medicina de Zaragoza, hijo adoptivo de Fuencaliente y mil títulos más, españoles y extranjeros, cuelgan de las paredes de su casa. Me decido por el hombre, pero no puedo olvidar la Fuente.

-Canarias tiene un tesoro.
“Sí, España lleva dos siglos buscando este tipo de aguas y no hay en Europa una fuente de agua clorurada sódica carbogaseosa con las propiedades de la de la Fuente Santa, entre ellas sus bondades cicatrizantes y que trate la claudicación intermitente”.

-Y sólo tú sabes dónde están las piscinas originales.
“Sí, sólo yo. Nos costó diez años construir la galería y no llegamos a las piscinas porque decidieron parar la obra. Construí unas artificiales, a las que llegan aguas con las mismas propiedades, pero creo que el Cabildo se ha cargado la Fuente con obras inadecuadas. Ellos sabrán”.

-¿Te llevarás a la tumba el secreto?
“Probablemente, porque a nadie parece interesarle”.

-Detrás de la construcción de la galería hay un trabajo de chinos.
“Sí, mucha investigación en archivos de Canarias y de la Península. Y mucha deducción técnica y mucho trabajo, en el que me ayudó también mi padre, que era ingeniero de Obras Públicas y director de RODIO”.

-Esas aguas atrajeron a personajes de relevancia mundial hasta La Palma.
“Lo cuento en mi novela. Llegaron a embotellarla en toneles para mandarla a los puertos de La Haya y Cuba, lo cual no servía para nada porque había perdido, al llegar a sus destinos, todas sus propiedades. La gente se la bebía y decía que mejoraba, pero se trataba de un efecto placebo. El agua no era para beber, sino para bañarse. Pero lo cierto es que la Fuente Santa llegó a mejorar la renta per cápita de las islas”.

-¿Es cierto que tiene más propiedades que las de la Toja o Vichy?
“Por supuesto, no existe en Europa un agua como la de la Fuente Santa. En la Royal Society hay una carta de Robert Hooke, el gran científico experimental británico, manifestando la preocupación que existía en su época por la desaparición de la Fuente”.

-El Cabildo quiere construir un balneario, pero en plan Siam Park. Y tú te negaste.
“Un disparate. La Fuente tiene que ser respetuosa con su propia historia. Yo propuse un balneario subterráneo, a partir de la galería ya construida, que no alterara ni el paisaje ni el espíritu de la propia Fuente Santa. Para La Palma habría sido muy importante y recobraríamos el espíritu de la instalación originaria. Y, además, crearíamos centros termales en toda la isla con el agua de la Fuente Santa, convenientemente tratada, para no masificar el lugar, y un museo histórico en Fuencaliente”.

-¿A qué temperatura entra el agua en las piscinas?
“En la más caliente, en la de San Lorenzo, entre 42 y 45 grados centígrados, en función de la marea. Yo he visto desconcharse las lapas dentro de esa piscina. Los que se metían en ella cicatrizaban sus pústulas, no curaban su enfermedad, pero mejoraban su calidad de vida. Porque la sífilis y la lepra no se curan con agua. La piscina de San Blas estaba a menor temperatura, a unos 30 grados centígrados”.

-¿Cómo llegaste hasta el lugar?
“Empleando la lógica, interpretando frases y buscando claves, como en el Código da Vinci. Claves que nos dieron, por ejemplo, el historiador Abreu Galindo. Y otros. Encontramos la cruz, encontramos el dique y llegamos hasta él. Y usamos técnicas de perforación y aseguramiento de la galería importadas de Asturias y de Cabo Verde. Utilizamos los propios escombros para construir las paredes. Dio resultado: excavamos una distancia similar a dos campos de fútbol de largo”.

-Porque los que buscaron anteriormente la Fuente Santa perforaban pozos.
“Sí ,y se equivocaban. Había que utilizar el mismo método para encontrar agua de toda la vida en Canarias. Los pozos no conducían a nada”.
(Es imposible citar a todos los beneficiados por las aguas y luego a todos los que intentaron hallarlas, tras la erupción del San Antonio. Carlos me da una lista que si la reproduzco me quedo sin entrevista. Citaré a Pedro de Mendoza y Luján, fundador de Buenos Aires, que padecía sífilis y se bañó durante un mes en la Fuente, en 1535. Tuvo a toda la flota esperándolo, a sus expensas, en la bahía de Santa Cruz de La Palma. Y a Torriani, que vino a Canarias a fortificar las islas. En 1678, el inquisidor Juan Pinto de Guisla intentó encontrar la fuente sepultada, pero desistió por diversos intereses. El cura Díaz, el cura masón, también intentó buscarla en 1801. Y en 1925, el mejor geólogo español de todos los tiempos, Lucas Fernández Navarro, aceptó un presupuesto de 1.000 pesetas para intentarlo. Nada. Tuvo que llegar Carlos Soler Liceras para hallar el tesoro).

-¿Es recuperable la Fuente, tras las supuestas meteduras de parta del Cabildo palmero?
“Si se ha enfriado, se ha perdido todo. ¿Qué quieren, un balneario de agua fría? Pero yo confío en que aún existan soluciones”.

-El exalcalde de Fuencaliente, Pedro Nolasco Pérez, te apoyó en el proyecto.
“Por supuesto. Fue quien logró que la buscáramos y uno de los grandes impulsores de nuestro trabajo. Habría puesto a su pueblo en el mundo, pero no lo dejaron. Y un alcalde tiene una fuerza y una salud relativas”.

-Y ahora vamos al agua de las islas, Carlos. ¿Las desaladoras responden a intereses económicos?
“Sí”.

-¿Por qué?
“Mira, debajo del Timanfaya, en un territorio que abarca 200 kilómetros cuadrados, existe un gran acuífero, pero se optó por las desaladoras para Lanzarote. ¿Por qué? Las islas están llenas de agua. Habría que ver su calidad, pero si no es apta para el consumo puede tratarse, a un costo infinitamente menor que la que generan las desaladoras. Pero no interesa. Es falso que estemos consumiendo aguas fósiles”.

-Algunos sostienen eso que dices.
“Es mentira. Existen muchos intereses que se transforman en opiniones. Pero cualquiera opina, con los aguatenientes privados y los aguamangantes públicos acechando. Son muy peligrosos”.

-¿Crees que te califican de persona difícil porque dices lo que piensas?
“A mí me daba igual antes y ahora todavía más. Estoy jubilado. Y lo que quiero hacer es lanzar una tercera edición de mi novela, La Historia de la Fuente Santa, para contar en el último capítulo lo que pasó realmente con una obra que duró diez años y que podía haberse terminado en poco más de dos”.

LIMONEROS CARLOS SOLER LICERAS
Carlos Soler Liceras, ingeniero de Caminos, el hombre que recuperó la Fuente Santa. Sergio Méndez


-¿Quién te encargó el proyecto de encontrarla?
“Estuvimos 10 años buscando la Fuente. Me encargó que lo hiciera, a partir de una petición del alcalde Pedro Nolasco, el entonces consejero de Obras Públicas, Ildefonso Chacón, en 1995. Y el proyecto se terminó en 2005, con Antonio Castro de consejero de Infraestructuras, del que no puedo hablar mal, pero con el que tuve muchas diferencias de criterio porque él estaba muy condicionado también”.

-Tampoco fue un dechado de colaboración el Cabildo de La Palma, por lo que sé.
“Por supuesto que no. El Cabildo le puso pegas y más pegas a mi trabajo. Incluso encargaron informes externos al negarme yo a dar una posición exacta para que la excavación llegara a la Fuente. La peregrina idea de que diera esa posición se le ocurrió a la gerente del Consejo Insular de Aguas. El informe no hizo más que confirmar lo que yo había dicho: que era imposible predecir la ubicación exacta de la Fuente hasta que no la encontráramos. Ahora ni siquiera me dejan entrar en la galería”.

-En tu libro agradeces la labor de muchas personas.
“Claro, porque me ayudaron. Empezando por mi familia: mi padre, mi mujer, Cristina, mis hijas Vanesca, Tanit, Paula y Carlota por haberme regalado su tiempo, el tiempo que debía pasar con ellas. A mis ayudantes de obra, Miriam y Miguel Ángel, y a un montón de colaboradores más que sería prolijo citar en una entrevista periodística”.

-¿Qué te sugiere, en términos de alegría, aquella fecha, 24 de octubre de 2005?
“Pues fue el día en el que comunicamos al mundo que habíamos encontrado la Fuente Santa. Una instalación que sube y baja con la marea, que está a nivel del mar y que tiene las mejores propiedades de Europa. Hoy esas aguas serían fundamentales, por ejemplo, en algunos tratamientos de una disciplina médica de moda, la cirugía estética. Quizá ese día la isla de La Palma perdió su gran oportunidad de pasearse por el mundo como el balneario más seguido por los curites”.

-¿Quiénes son?
“Personajes de altísimo nivel económico que van de un lado a otro buscando su bienestar a través de las aguas curativas. Dejan mucho dinero en los lugares por los que transitan, en su búsqueda de la salud a través de las aguas”.
(La desaparición de la Fuente Santa fue estudiada hasta por la Inquisición. Ya se sabe que la Iglesia Católica se mete en todo. Pero el paradero quedó resuelto aquel 24 de octubre de 2005. Carlos Soler tiene muchas cosas que contar en ese nuevo capítulo que ha escrito. Porque, como era funcionario, tuvo que pactar algunas conclusiones finales de las que no está satisfecho. Un capítulo que será incluido por Turquesa en la tercera edición del libro que más y mejor ha contado la historia de la Fuente Santa. Yo sé, Carlos, que me he dejado en el tintero muchas cosas, pero dije al principio que no puedo hacer milagros con cinco folios y pico de texto. Ahora sigo en la disyuntiva de si lo interesante es el hombre o su obra. O ambos a la vez.

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