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Joe Biden en la cuerda floja

Balance del primer año de mandato del presidente de Estados Unidos
Joe Biden, presidente de Estados Unidos, durante su comparecencia ante los medios en la Casa Blanca. Reuters
Joe Biden, presidente de Estados Unidos, durante su comparecencia ante los medios en la Casa Blanca. Reuters
Joe Biden, presidente de Estados Unidos, durante su comparecencia ante los medios en la Casa Blanca. Reuters

Ha pasado un año desde que Joe Biden tomara las riendas del poder en Estados Unidos. Hace apenas 12 meses, el presidente era investido frente a un Capitolio que aún mostraba las heridas de una insurrección que sacudió los cimientos de la democracia, y se hacía cargo de un país profundamente dividido que se enfrentaba a una de las mayores crisis de su historia. Bajo la mirada esperanzada de muchos y el escrutinio escéptico de otros, Biden aseguraba que podría restaurar el país, mejorar la economía y pasar página al azote de la pandemia. Hasta ahora, ha sido capaz de conseguir algunos logros importantes, reduciendo notablemente las tasas de desempleo, consiguiendo que se aprobara la primera parte de la histórica ley de infraestructura Build Back Better, firmando algunos proyectos de ley importantes, distribuyendo de forma efectiva las vacunas. Todo esto en solo un año, no es moco de pavo. Sin embargo, el balance de Biden en sus primeros doce meses deja mucho que desear. El demócrata está en una posición precaria con una popularidad en caída libre y con las expectativas de mantener las dos Cámaras en las elecciones de medio término de noviembre escurriéndosele entre los dedos.

UN PRIMER SEMESTRE DE ÉXITO

La primera mitad del año resultaba prometedora. El proyecto de Ley que proporcionaba un respiro de mil novecientos millones de dólares a las familias estadounidenses para hacer frente a la plaga de coronavirus fue bien recibido, aumentando los fondos para las familias, colegios y empresas golpeadas por la pandemia. El Gobierno puso en marcha el programa de distribución de vacunas que facilitó la inmunización de millones de norteamericanos con rapidez. También logró que EE. UU. volviera a unirse al Acuerdo Climático de París, y revocó la prohibición de las personas transgénero en el ejército. Un logro a más largo plazo puede ser su prolífico nombramiento de jueces: ha nombrado más en su primer año que cualquier otro presidente desde Ronald Reagan. En el terreno económico, daba los pasos necesarios para reducir a la mitad el desempleo que heredó con una tasa de 9% del anterior presidente, y que ahora se sitúa por debajo del 4%. Pero en su lugar han surgido otros obstáculos económicos. Millones de estadounidenses han renunciado a sus trabajos. Aunque esto muestra confianza en el mercado laboral, algunas industrias ahora enfrentan una escasez de mano de obra, lo que contribuye a los problemas de la cadena de suministro global y alimenta una inflación vertiginosa. La inflación está en su nivel más alto desde 1990. Los precios al consumidor aumentaron un 7% desde diciembre de 2020-21, el mayor aumento desde la década de 1980.

LOS ERRORES DE LA SEGUNDA MITAD

La segunda mitad del año traería consigo una serie de eventos que, si bien en algunos casos estaban fuera del control de la Administración, en otros hay que atribuir a sus propios errores. En verano Biden anunciaba que se había conseguido acorralar el coronavirus; sin embargo, lejos de ello, la variante Delta hacía su entrada con fuerza, doblegando al país, que se veía nuevamente inundado de casos, particularmente entre los que, pese a tener vacunas disponibles, decidieron hacer caso omiso de las advertencias, poniendo a la nación nuevamente en peligro. Actualmente, alrededor del 75 % de los EE. UU. ha recibido al menos una dosis y el 63% está completamente vacunado. Los niños de hasta cinco años han sido elegibles para la vacuna desde noviembre, se han administrado 80 millones de dosis de refuerzo para ayudar a proteger contra ómicron, y las pruebas rápidas caseras gratuitas están disponibles para ordenar esta semana. Pero el aumento de variantes y la continua oposición a las vacunas predicen que la pandemia está lejos de terminar. En el transcurso del año, EE. UU. ha sufrido tres grandes oleadas del virus y más de 850 000 estadounidenses han muerto a causa de la COVID-19, el número nacional de muertes más alto registrado por la pandemia mundial. Y luego llega el escándalo de Afganistán. La retirada de las tropas, que aunque era absolutamente necesaria, posiblemente pudo haberse llevado a cabo de forma menos caótica, ofreció al mundo imágenes de violencia, que en su momento causaron la furia internacional, pese a que hoy en día es apenas mencionado. Aún así, la reputación de Biden, y especialmente la de la vicepresidenta Kamala Harris, encargada de la misión, quedaron seriamente dañadas. Sus números en las encuestas aún no se han recuperado. Pero lejos de terminar el año con mejor fortuna, a finales de noviembre, empezaba a propagarse la nueva variante ómicron, más transmisible, que paralizaba las navidades y ponía en jaque nuevamente la capacidad de hacer frente a estas crisis a la Casa Blanca. Biden había comenzado su mandato con el 56% del país aprobando su labor, superando los 80 millones de votos, más que cualquier otro presidente. En comparación con otros presidentes recientes, solo Donald Trump ha tenido un primer año más decepcionante: su índice de aprobación cayó del 45% el día de su toma de posesión al 35 % un año después. Barack Obama , comenzó con un máximo de casi el 70 % cuando asumió el cargo y terminó cerca del 50 % un año después. George W. Bush comenzó su primer mandato en una posición similar a la de Biden, con una aprobación de alrededor del 60%, pero aumentó a casi el 90 % después del 11 de septiembre de 2001.

PROBLEMAS DENTRO DEL PARTIDO

Además del rechazo republicano a participar en la vida legislativa del país, las intensas luchas internas demócratas han puesto freno a algunos de los proyectos más ambiciosos de la agenda de Biden. Una y otra vez, el presidente se ha encontrado con un muro por parte de dos demócratas, quienes bajo la bandera de moderados, habría que pensar que, como lobos con piel de oveja, tienen intereses más acordes con el partido de la oposición. Los senadores Joe Manchin, de Virginia Occidental (con intereses personales en las minas de carbón del estado), y la senadora Kyrsten Sinema, por Arizona, constantemente votan en contra de su propio partido, incluyendo la legislación para garantizar el derecho al sufragio de los más vulnerables.

LA INMIGRACIÓN SIGUE SIENDO UN RETO

Una de las promesas de campaña de Biden era poner fin a la separación de las familias migrantes y la detención de niños en la frontera. El presidente cumplió su palabra de poner fin a la llamada política de “tolerancia cero”, y el número de menores recluidos en centros de detención se ha desplomado. Pero desde que asumió el cargo, EE. UU. ha visto una afluencia de inmigrantes. En 2021, al menos 2 millones de migrantes, incluidos 165.000 menores. trataron de cruzar la frontera. El plan de Biden de ofrecer estatus legal a aproximadamente 11 millones de inmigrantes irregulares se estancó en el Congreso, y no logró anular una política de la era Trump que hace esperar en México a los inmigrantes a que se resuelva su petición de asilo, y ha mantenido el uso la política que permite expulsar automáticamente a los solicitantes de asilo indocumentados para detener la propagación de COVID-19. La expulsión de 4.000 haitianos de Texas generó una condena generalizada, y la idea de una reforma migratoria integral está cada día más lejos. La Administración, no obstante, ve motivos para el optimismo con el inicio del segundo año de mandato. Aunque la legislación sobre el derecho al voto parece estancada, la agenda de gastos de la segunda parte del plan de infraestructura Build Back Better (que supondría un avance socialista en el país) podría revivir, aunque sea una versión reducida, según indicó el presidente en una conferencia de prensa de casi dos horas en el primer aniversario de su investidura. Hay indicios de que la variante ómicron, menos mortal que Delta, ha alcanzado su punto máximo en partes del país donde golpeó por primera vez. Y algunos economistas creen que la inflación disminuirá antes de que los votantes acudan a las urnas para las elecciones intermedias de noviembre. Algunos demócratas se sienten cómodos sabiendo que los dos últimos presidentes de su partido, Obama y Bill Clinton, tuvieron problemas en su primer año solo para ganar la reelección. Pero las tendencias históricas y las encuestas actuales favorecen a los republicanos este noviembre, y Trump ha comenzado un regreso al escenario político, alimentando las conversaciones sobre un retorno en 2024.

Biden y Putin se posicionan con respecto a Ucrania

El presidente Joe Biden dijo esta semana que prevé que Putin moverá sus fichas en Ucrania, asumiendo que el líder ruso está tratando de buscar su lugar entre China y Occidente. El comentario provocó una protesta casi inmediata en Kiev, donde se han reunido con el principal diplomático de Biden. Los intentos de alto nivel para limpiar el comentario pronto siguieron en la Casa Blanca. Si bien Biden prometió consecuencias económicas devastadoras para Rusia si Putin envía sus tropas al otro lado de la frontera, incluida la restricción de sus transiciones financieras en dólares estadounidenses, sugirió que las naciones occidentales no estaban sincronizadas sobre qué hacer en el supuesto de que ocurriera una violación menor. La falta de contundencia de Biden en caso de una agresión “menor” dejó perplejos a los ucranianos. La Casa Blanca trató de explicar los comentarios de Biden señalando que un ataque ruso en el ciberespacio o a través de fuerzas paramilitares provocaría una respuesta recíproca en comparación con un escenario en el que las tropas rusas avancen sus posiciones a Ucrania. Después de hablar con Putin dos veces el mes pasado, Biden dijo que creía que su homólogo ruso, al que recordemos, llamó asesino en el pasado, entendía bien las sanciones económicas que se estaba preparando. Además, aunque Biden parece tratar de recurrir a la vía diplomática, advirtió de que, en caso de una invasión, Putin debe estar preparado para la pérdida de vidas rusas junto con posibles bajas ucranianas. Putin tiene dispuestos 100.000 soldados a lo largo de la frontera con Ucrania.

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