tribuna

La querencia del toro y el mindfulness

Si a 2022 le buscáramos un apelativo a su medida, propongo el de Mindfulness. La palabra que importa de Oriente el embrujo de la atención plena, una especie de credencial del año de la reconstrucción del mundo. Tras una sobredosis de miedo al futuro y de las secuelas del pasado, la pandemia nos invita a vivir el presente sin hacer demasiados planes para mañana, pues el virus ha hecho trizas la vieja cultura del porvenir. Es el presente el que nos convoca de lleno y no tendríamos perdón de Dios si, visto lo visto, no mantuviéramos los pies en tierra y los ojos bien abiertos, aunque nos tape la visión la incómoda calima de vez en cuando. Siendo completamente francos, yo pensaba lo contrario hasta que llegó 2020 y se nos cayeron los palos del sombrajo. La solución está aquí y ahora.

Las ideas de este artículo de un huésped recién llegado a 2022 tienen un aval de 2.500 años. Pero nuestra cultura occidental renegó de ellas con una indiferencia vanidosa. Hasta que la pandemia nos ha bajado los humos. En la constelación del presente hay todo un universo intacto, un nuevo big bang de posibilidades, si es verdad que este era el fin del mundo tal como lo concebíamos. Se cierra una puerta y se abre otra. Aquí y ahora. La que viene será una sociedad que se renueve a cada instante, y ese constructo lo está pariendo ya nuestra generación: un nuevo estilo de salud y convivencia, de gobierno y de vida. Veremos qué somos capaces de construir hoy sobre las ruinas de ayer.

Venimos de la demostración de resiliencia de la pandemia y el volcán, en el escenario de la multitud humana y en el marco de una isla de nuestro vecindario geográfico. Somos testigos de la destrucción del mundo a pequeña escala y comprendemos la conveniencia de sustituir el volcán por una cima de paz para que se haga la calma tras la erupción. ¿Por qué digo que el mindfulness es la estrategia adecuada tras el caos actual? Hace dos años, yo me lo habría tomado a chanza tachándolo de espiritualismo posmoderno, de marketing sanatorio, del Lado Luminoso de la Fuerza, pero le hemos visto las orejas al lobo. Estos dos años nos han golpeado ya no solo el cuerpo, sino también el alma y la mente. Y ahora se trata de reinventar la felicidad, que es una palabra muy manida, pese a los esfuerzos de Bután por medir su índice per cápita.

Por las calles de Santa Cruz paseaba el miércoles el chelista londinense Steven Isserlis, autor de libros como ¿Por qué Beethoven tiró el estofado?, tuitero y amante de Bach, horas antes de inaugurar en el Auditorio con la Philharmonia Orchestra el Festival de Música de Canarias. Se adentró en el Parque García Sanabria con un chaquetón invernal y su melena canosa de Einstein. Era un ciudadano del siglo XXI paladeando el oasis misterioso y mágico de nuestro jardín en mitad de una pandemia. Seguí sus pasos hasta que abandonó el paraíso y continuó por Méndez Núñez, de vuelta al trasiego de las bombas de esta guerra.

Nada nos sacará de este estado de shock salvo una disciplina de atención y conciencia plenas, como puso de manifiesto hace 40 años Jon Kabat-Zinn, hoy casi octogenario, referente mundial de Mindfulness, a través de su Clínica de Reducción de Estrés en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts, donde sorprendió en 1979 con su exitoso programa MBSR. La osadía de Kabat-Zinn, biólogo molecular, fue curar las tensiones de una sociedad frenética como la americana usando, en lugar de fármacos, técnicas de meditación oriental. De ese modo dio con la tecla para enterrar los endriagos de una vida intrépida en el infierno de los traumas. La ola de mindfulness que está cobrando cuerpo no ha de ser confundida con el auge editorial de la inteligencia emocional de Daniel Goleman en los años 90. Es cierto que el mindfulness está llamado a ganar un gran predicamento en las élites políticas, universitarias, empresariales y artísticas del mundo. Los líderes se sumergen en estas aguas para no ahogarse en un mar de dudas existenciales tras el caos presente. Carter, Al Gore y Obama visitaron en Google a Chade-Meng Tang, cuyos talleres han perseguido instruir a los trabajadores de la tecnológica californiana en modalidades meditativas para gestionar el estrés y la negatividad. Muchos pensaban que su revolucionaria praxis era una “mierda hippie”. Hoy, universidades de medio mundo y algunos centros escolares de Madrid, como publicamos esta semana en el DIARIO, imparten clases y seminarios de mindfulness. Cada mañana, antes de enfrentarse a las cámaras, Oprah Winfrey medita silenciosamente en su casa y prepara su tupper con el almuerzo. Jeff Bezos duerme ocho horas diarias y le gusta perder el tiempo en las pequeñas cosas en una suerte de carpe diem en mitad de la faena. Como el mundo en estos años, los líderes un día sufren un burnout en sus vidas y despiertan.

Con pocos años tuve curiosidad por la meditación trascendental, que nos inculcaron Los Beatles, y uno de aquellos gurús de la India me susurró un mantra tras una charla en Santa Cruz con el que meditar el resto de mi vida. En España tenemos una deuda cultural con visionarios pioneros como Ramiro Calle, que trajo el yoga hace medio siglo, o Alejandro Togores, que abrazó las enseñanzas del zen. He arribado al mindfulness a la hora de cerrar la trilogía que me propuse sobre la pandemia.

Cuando Eduardo Punset nos arengó desde Nueva York en Redes (TVE) en Nueva York, tras una cumbre de médicos occidentales y sabios afines al Dalái Lama, que habían convenido en las bondades de la meditación, nada hacía presagiar que un día el mundo sufriría un infarto, cuya dolencia crónica afectaría al cuerpo, la mente y el espíritu. Somos los convalecientes de ese ictus global. Algunos autores, como el cirujano español Mario Alonso Puig, nos habían aleccionado sobre estos riesgos y la consiguiente terapia de mindfulness. El prestigioso psicólogo y escritor Jack Kornfield aconseja adoptar la “mente del principiante” para aceptar lo que acontece aquí y ahora. Kornfield es una bocanada de aire fresco en esta encrucijada. Una de sus obras, El mejor momento es ahora, tiene un título engañoso si pensamos en un libro de autoayuda de la cultura mainstream del mindfulness; no, esta es una joyita literaria que recomiendo, para forzar, como dice Kornfield, los candados del miedo. Se trata de encontrar, en términos taurinos, la querencia del toro, un lugar de refugio y seguridad. Nuestra querencia providencial tras dos años de acoso y derribo.

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