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Crónicas

Resulta que estaba escribiendo una novela, pero para mí que era un churro; y entonces la voy a cambiar por lo mío: la crónica. La crónica es un género periodístico, lo han dicho los mejores cronistas en su propio interés: Ruano, Camba, Umbral, Pedro Rodríguez, Aguirre Bellver, Raúl del Pozo y otros. Julio Camba, por ejemplo, hizo de la crónica de viajes un modo de ganarse la vida y de descubrir para los demás países desconocidos. No por lejanos, sino por desconocidos, contando lo que los turistas jamás verán y concluyendo que España no existe. Crear literatura de viajes no es hacer turismo para los demás, todo lo contrario. Es contar aquello que los visitantes ocasionales y curiosos jamás podrán sentir ni transmitir. Transitar por una calle oscura de Londres, acaso escenario de una hazaña de Jack el Destripador, no es lo mismo que darte una vuelta por Time Square para ver los neones de N.Y. Los cronistas de viajes, como Julio Camba, se lucieron en su día siendo breves y muy descriptivos. Yo fui a Positano tras las huellas de César González-Ruano, pero no supe sacar una novela de Positano, en la costa amalfitana italiana, ni tampoco construir un relato de condesas y espías, como logró César en cuatro trazos. César le sacaba una crónica a un mueble y yo también lo hice con la mesa de escritorio de mi bisabuelo, en la que grabé con un punzón, en un lugar medio escondido, el corazón atravesado de mi primer amor, que fue una niña del colegio de las monjas. Entonces permitan ustedes, desocupados y amables lectores, que yo escriba un librito de crónicas, de crónicas poco conocidas o a lo mejor de alguna totalmente desconocida, echándole literatura. La crónica es una síntesis y el público de ahora lo que quiere son síntesis porque los rollos han pasado a la historia porque nadie quiere esforzarse en leer lo exhaustivo. Y hacen bien porque la vida es cada día más complicada.

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