visiones atlánticas

Dignidad democrática

La dignidad es soporte de las sociedades civilizadas, allí donde la justicia ha sustituido a la venganza y la violencia. Como iniciaron los primeros códigos de justicia en las culturas agrarias, del “ojo por ojo y diente por diente”. Las revoluciones burguesas contemporáneas consagraron “libertad, igualdad y fraternidad”, consolidados por la ONU en 1948 en la Declaración Universal de los Derechos del Hombre, que recoge la cultura cristiana occidental. Su finalidad ampara al hombre individual, cuya dignidad es aquella que uno se debe a si mismo, la propia estimación, lo que nos salva de ofensas, desprecios y humillaciones.

Reclaman dignidad las víctimas del terrorismo, dignidad exigida por el sacrificio de quienes confiados en la justicia ahora no obtienen reparación, la que pedimos quienes compartimos la misma democracia, obligada a la ley. Para todos “olvidar es matar a nuestros muertos por segunda vez”, como decía en el recuerdo Claudia Múgica, nieta de Fernando Múgica asesinado por ETA en 1996, “ni olvido ni perdón, el incómodo que se pregunte ¿por qué? Y ampliaba Ana Velasco Vidal- Abarca de la AVT, describiendo el reciente informe de la Guardia Civil, sobre los contactos del ministro del Interior y exjuez Marlaska, ante el entreguismo inmoral del gobierno,” infamia que amparada en el poder les permite justificar mentiras, traiciones, e indecencias”. Plegados al chantaje político de la ETA, otorgan los beneficios penitenciarios. Mancillan el estado de derecho, vulneran el espíritu de la ley y trampean para sortear las sentencias de los tribunales, que en paralelo invaden y condicionan. Su último capítulo lo vemos en el aterrizaje del sectario juez De Prada, en la sección primera de la Audiencia Nacional, quien verá las excarcelaciones de la ETA.

La legalización forzada de la ETA en 2012 por el Tribunal Constitucional, contra el fallo previo del Tribunal Supremo, estaba sostenida en criterios que se incumplen, centrados en el rechazo expreso de la violencia, la exaltación del terrorismo y la no colaboración en el esclarecimiento de las muertes. La Comisión del Parlamento Europeo, en dictamen previo de febrero 2022, constata la existencia del 44% de los crímenes sin resolver. Que califica de “lesa humanidad y con ellos los hace imprescriptibles y no amnistiables”. Con la visita se realizó acto en memoria de Joseba Pagarza, jefe de la policía municipal de Andoáin, asesinado por ETA en 2003; con presencia de su hermana Maite europarlamentaria, su viuda Estíbaliz, Rubén Múgica, Fernando Savater, Consuelo Ordóñez y Carlos Iturgáiz, acto de dignidad y memoria.

La dimensión de la pérdida de la dignidad en España, aparece ya en la estadística. Recogida en el Índice de Democracia Global de 2021, que publica The Economist. Donde España pasa de ser una “democracia plena” a una “democracia defectuosa”. Su análisis pormenorizado centra el déficit democrático, en el funcionamiento de las administraciones públicas, en la participación política y en la falta de cultura democrática. Donde incluye los problemas de la fragmentación parlamentaria, con sobrerrepresentaciones nacionalistas, escándalos de corrupción y nacionalismos en alza. Que vistos más de cerca se incrementan y los vemos polarizados desde el propio gobierno, generando odios, legitimando excesos, estableciendo cordones sanitarios a las derechas.

Fracturan la nación y la economía, vacían la Constitución, ocupan la política, los poderes y los medios de comunicación. Actos ligados a la pérdida de la dignidad, coincidiendo con su incapacidad para formular un proyecto social inclusivo. Que repiten las derechas en estos días, secuestrando la opinión mayoritaria de sus electores y medio social. Más allá de la dignidad no hay vida política ni democracia real.

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