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Hector Gómez (PSOE): “Hay una crispación sin límites, sorprende la falta de argumentos políticos de la derecha”

Impoluto, con traje más bien ajustado, pelo engominado y piel brillante de deportista que no acumula toxinas ni gasta veleidades bohemias, a esas horas, Gómez tiene el televisor encendido con alguna de las tertulias matinales

En uno de sus libros, el gran fotoperiodista Raúl Cancio pone a dialogar en imágenes a las ciudades de Madrid y de Nueva York. Su luz, las fachadas color crema con aire modernista, los detalles de la vida urbana… Todavía con el cuerpo adobado por la vida habitual en Tenerife, me viene ese recuerdo en la confluencia de la madrileña Carrera de San Jerónimo con las calles Cedaceros y Zorrilla, mientras pasa una guagua. Es martes 15 de febrero. Al fondo, mirando a la Plaza de Neptuno, el sol a chorros de la mañana desdibuja las siluetas de los edificios. Son las ocho y media y ya ha llegado al Congreso de los Diputados el portavoz socialista en la Cámara Baja, el canario Héctor Gómez.

Impoluto, con traje más bien ajustado, pelo engominado y piel brillante de deportista que no acumula toxinas ni gasta veleidades bohemias, a esas horas, Gómez tiene el televisor encendido con alguna de las tertulias matinales y ya ha hablado con el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, sobre una posible invasión de Ucrania que la inteligencia estadounidense espera para el día siguiente, pero que a fecha de hoy todavía no se ha producido. En el despacho, un lugar amplio de colores ocres redecorado por Lola, la secretaria de los portavoces socialistas desde principios de los noventa, están el director de Comunicación del Grupo Parlamentario Socialista y la jefa de Gabinete de Gómez. Los tres juntos repasan cada mañana la agenda del día y la situación política, seleccionan los temas de más impacto para la rueda de prensa. Y juntos recorren kilómetros por pasillos del Congreso, a toda velocidad, subiendo y bajando ascensores, pendientes de móviles, declaraciones, mensajes, contramensajes.

Ese día, aún no ha estallado en abierto la guerra que hoy desangra al PP, pero se percibe la debilidad de los populares tras la ajustadísima victoria en Castilla y León. Los socialistas tienen claro su argumentario para no facilitar un Gobierno del popular Alfonso González Mañueco, que así podría evitar un pacto de coalición con Vox, como le exige la ultraderecha. Primera razón: “Las elecciones se convocaron por la irresponsabilidad del PP”, afirma Gómez. Segunda: “No vamos a abstenernos frente a un Gobierno manchado por la corrupción de Mañueco”. Tercera: “¿Vamos a facilitar un Ejecutivo del PP para que después pacte leyes con Vox que hagan retroceder a Castilla y León 20 años”.

A las diez y media, reunión del Grupo Parlamentario Socialista. Por allí andan rostros conocidos como Odón Elorza, con su aura de diputado librepensante. O como el defenestrado José Luis Ábalos, que luce mayor de lo que parece en la tele. Nada de lo que se dice en la reunión se puede contar, salvo una cosa que llama la atención de este periodista: las intervenciones que hacen los diputados a puerta cerrada no son muy distintas a las que podrían hacer a la luz pública. Se utilizan los mismos argumentos, se hacen los mismos análisis. A las doce, Junta de Portavoces, que se celebra a puerta cerrada, flanqueada por varios ujieres. “¿Es muy difícil hacerse ujier?”, pregunto para echar el rato. “Complicadísimo”, bromea Ángel, perfectamente uniformado, antes de explicar que hay que hacer una oposición para la que se precisa el graduado escolar o la ESO. Él lleva 32 años y dice que es muy interesante estar cerca del engranaje de las grandes decisiones del país. “Aquí no está todo el mundo”.

“El portavoz ha estado estupendo”, sale diciendo de la sala Rafi Crespín, secretaria general del Grupo Socialista. “Ha terminado con un ‘Ya está bien’”, comenta refiriéndose al mosqueo de Gómez por que continúen las críticas de la derecha a la presidenta del Congreso, Meritxel Batet, a pesar de que un informe de los letrados de la cámara haya avalado su decisión de no permitir que el diputado popular Alberto Casero corrigiera el voto que emitió telemáticamente durante la convalidación de la reforma laboral.

“Ya está bien”, repite Gómez a las 13.15, esta vez en la sala de prensa donde le escuchan una decena de periodistas, tras un leve retraso para no coincidir con una declaración a los medios de la vicepresidenta del Congreso, Ana Pastor, que estaba criticando a Batet.

Desde primera hora, Gómez ha comentado con este periódico “la crispación sin límites” que hay en el Congreso, el “negacionismo del PP”, que “ha roto todos los puentes”. “Me ha sorprendido la falta de solidez y de argumentos políticos por parte de la derecha”. Al fin y al cabo, él solo lleva desde 2019 en el Congreso.“Están haciendo mucho daño a España”, dice ante los medios.También explica la decisión de los socialistas de no apoyar la propuesta sobre fiscalidad de Unidas Podemos, a la espera de que el Ministerio de Hacienda tenga el informe encargado a un comité de expertos. Al acabar la rueda de prensa, en los corrillos, Gómez sigue hablando sobre la fórmula que el PSOE está buscando con sus aliados para investigar los abusos sexuales a menores dentro de la Iglesia.

A las 13.45 pide que le suban algo de una de las tres cafeterías que hay en el Congreso. “Me ha dado tiempo a hacer dos llamadas normales y una videollamada”, cuenta al salir del despacho con una bandeja en la mano y los cascos blancos del móvil todavía puestos. Hay una especie de fascinación ambiental por el frenesí, agota pero también es una fuente de adrenalina. Es estar ahí, en el cogollo de los acontecimientos, ni un minuto libre. Nadie podrá achacarles a estas personas de agendas intensísimas que no estén trabajando todo el día. Pero eso tampoco garantiza que conecten bien con el malestar cotidiano que se apelmaza en la ciudadanía.

A las 14.30, Gómez empieza la tarde reuniéndose con Luis Guillermo Tapia, director del gabinete jurídico del Grupo Parlamentario para hablar de las prioridades en la agenda legislativa. Quedan temas muy relevantes, como la ley de vivienda, la ley de cine, la ley de ciencia, la ley trans, la ley de empresas emergentes, la de igualdad de trato, la ley mordaza… Y solo dos años de legislatura. Porque dice el portavoz que “se va a terminar”. A las 15:30 empieza el pleno y a las 16:30 tiene una reunión con Batet.

Desde los pasillos anexos al hemiciclo, con ese suelo de alfombras de otra época y dimensiones de escala humana que le dan al viejo edificio un aire acogedor, se escucha el debate parlamentario, que se vuelve agrio tras una proposición de Vox para endurecer el acceso a la nacionalidad española de los extranjeros residentes. También hay una proposición del PP para prohibir los ‘ongi etorri’ a los terroristas de ETA que son excarcelados. Más bronca, más madera, más leña.

Parece más productivo ir a una de las reuniones que Gómez tiene esa tarde con varios diputados de su partido, a partir de las 17.30. Uno de ellos le cuenta que hay que fortalecer la unidad del partido en su comunidad si quieren mantener la misma representación en las próximas elecciones. Gómez promete una visita al territorio y el diputado responde que lo esperan entusiasmados, quizá con una amabilidad un poco reverencial. Hay compañerismo, pero también jerarquía.

Gómez se acerca a votar al pleno sobre las 21.00. Ya es noche cerrada. Sánchez ha dicho durante el día que podrían plantearse echarle un capote a Mañueco si el PP rompe todos sus acuerdos con Vox para siempre. “Eso no va a pasar “, afirma el portavoz socialista antes de terminar la jornada, sobre las diez de la noche. Luego, Ponce, el conductor, lo lleva hasta la vivienda que alquiló hace unos pocos meses. El piso está a las afueras de Madrid, en un barrio de clase media urbana sin demasiada personalidad, pero con espacios donde correr, algún centro comercial y suficiente vida residencial para no caer en el desánimo.

“Tengo varios amigos que viven cerca y esta es una zona que me permite descansar, hacer deporte”, explica. Son jornadas de 12 y 14 horas, lejos de la familia, que sigue en Tenerife. Gómez asegura que no reflexiona demasiado sobre todo lo que le ha pasado en estos años. Sanchista pata negra desde siempre, trabajador a tope, competitivo, serio pero cercano, hasta 2015 fue concejal en Guía de Isora, en Tenerife, y ahora está en el núcleo de poder socialista. “Siempre hay momentos en los que analizas, pero no suelo mirar hacia atrás. Este es el momento que me ha tocado vivir, son las responsabilidades que tengo y las afronto cada día con el objetivo de darlo todo”. Cerca de su casa no hay metro. Así que me toca volver en guagua.

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