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La guerra en Ucrania agita el espacio

La Estación Espacial Internacional, con Estados Unidos y Rusia como principales socios, va a mantener las actividades programadas por ahora, según la NASA. Sin embargo, las sanciones amenazan al programa espacial ruso, del que dependen también otros países
Una nave de transporte de astronautas Soyuz (al frente) y un carguero Progress, ambas naves rusas, acopladas a la Estación Espacial Internacional. ESA

La Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés) ha estado habitada por astronautas ininterrumpidamente desde el año 2000, la mayor parte estadounidenses y rusos. Ambos países son los principales socios del proyecto, por lo que cabe preguntarse cómo van a afectar a la ISS las circunstancias y las sanciones anunciadas contra Rusia debidas al conflicto desatado por la invasión rusa de Ucrania.

El presidente de EE.UU., Joe Biden, anunciaba el jueves la nueva batería de sanciones que impondrá —a la par que la Unión Europea— a Rusia como castigo. “Estimamos que cortaremos más de la mitad de las importaciones de alta tecnología de Rusia, lo que asestará un duro golpe a su capacidad para continuar modernizando su ejército. Esto incluye restricciones en semiconductores, telecomunicaciones, seguridad de cifrado, láseres, sensores, navegación y aviónica”, explicó el mandatario. A la vista de estas sanciones, resulta inevitable que las limitaciones a la importación de tecnologías en las que actualmente Rusia no es autosuficiente acaben afectando al programa espacial ruso, como se encargó de remachar el propio Biden: “Esto degradará su industria aeroespacial, incluido su programa espacial”.

Dmitri O. Rogozin, director general de Roscosmos, la Agencia Espacial Rusa, aireó su indignación a través de una serie de mensajes en Twitter el mismo jueves, poco después de las declaraciones del presidente estadounidense. “Biden afirma que las nuevas sanciones afectarán a nuestro programa espacial, pero quedan detalles por aclarar. ¿Quiere bloquear nuestro acceso a componentes electrónicos resistentes a la radiación para la industria espacial? Porque eso ya lo hicieron oficialmente en 2014”, escribió en alusión a las sanciones que la administración de Obama impuso a Rusia tras la anexión de Crimea, aunque estas no afectaron a las operaciones conjuntas en la ISS en su momento.

“Nosotros seguimos fabricando nuestras propias naves y lo seguiremos haciendo ampliando la producción de los componentes necesarios en nuestro propio país”, continuó Rogozin, quien fue mucho más allá al decir: “¿Quién salvará a la ISS de una caída descontrolada sobre EE.UU., Europa, India o China si Biden impide la colaboración con nosotros?”.

La pregunta de Rogozin, convertida en arma arrojadiza, se fundamenta en que los cargueros rusos Progress, además de llevar suministros a la ISS, son los encargados mientras permanecen acoplados a la estación de ejercer como propulsores para las frecuentes correcciones de altitud necesarias para mantenerla en su órbita.

Por otra parte, las naves Soyuz transportan a gran parte de las tripulaciones, tanto rusas como internacionales, hasta la ISS y las traen de vuelta a la Tierra. De hecho, hasta noviembre de 2020, cuando la empresa privada SpaceX puso en servicio su nave Crew Dragon, EE.UU. dependía totalmente de Rusia para llevar y traer a sus astronautas de la estación, situación que se prolongó durante una década, desde la cancelación del programa de transbordadores espaciales de la NASA.

Poco después de los tweets del director general de Roscosmos, la NASA hacía pública una declaración en la que aseguraba que las sanciones anunciadas por su Gobierno “continuarán permitiendo la cooperación espacial civil entre Estados Unidos y Rusia. No se planean cambios en el apoyo de la agencia a las operaciones actualmente en curso, tanto en órbita como en instalaciones terrestres”, en referencia a la cooperación en la ISS y los entrenamientos en tierra para las misiones programadas.

MÁS ALLÁ DE LA ISS

Aparte de su papel en la ISS, hay que tener en cuenta que Roscosmos asiste a otros muchos países que contratan sus servicios para el lanzamiento de satélites y misiones no tripuladas. La propia Agencia Espacial Europea utiliza con frecuencia los cohetes rusos. La degradación del programa espacial ruso de la que advierte Biden podría acabar afectando negativamente a los planes de muchos otros países, incluidos socios y aliados de Estados Unidos.
En los últimos tiempos, con el progresivo deterioro de la relación entre ambas potencias, la ISS había quedado como uno de sus últimos reductos de colaboración, y es que, afortunadamente, el ámbito científico poco entiende de conflictos y mucho de cooperación internacional. En ese sentido, lo deseable sería que política y ciencia se sigan manteniendo separadas, y que la primera no desgarre el entramado colaborativo de la segunda.

Habrá oportunidad de comprobarlo el 30 de marzo, cuando está previsto que regrese a la Tierra —aterrizando en suelo ruso— una nave Soyuz con los cosmonautas rusos Anton Shkaplerov y Pyotr Dubrov y el astronauta estadounidense Mark Vande Hei, los tres actualmente de servicio en la ISS.

Sea cómo sea, habrá que ver con qué mundo se encuentran a su vuelta a la Tierra.

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