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Un lugar seguro para que la infancia exprese lo que siente

La apuesta de todos los grupos políticos por mejorar la educación emocional en las aulas refuerza una iniciativa novedosa impulsada desde Canarias
Sanidad y Educación recomiendan abrir puertas y ventanas priorizando la ventilación natural en las aulas. Sergio Méndez
Un lugar seguro para que la infancia exprese lo que siente. Sergio Méndez

Todavía a finales de los noventa, los que habían sido niños durante la II Guerra Mundial recordaban con frecuencia el sonido de las bombas al caer sobre las ciudades inglesas. Yo trabajaba de freganchín en una especie de campamento vacacional que tenía la Iglesia Católica en el norte de Gales, y para Terry, que estaba un poco sordo y me enseñaba por las tardes a conducir una furgoneta Ford destartalada de color azul claro, aquel recuerdo era absolutamente nítido, a pesar de que luego se hubiera inventado otra vida en Australia, a donde emigró buscando oportunidades. A la vejez decidió volver a Reino Unido. Y más cerca que lejos del final de la vida, compartió conmigo algún retazo de esas noches escuchando las bombas alemanas caer sobre la ciudad de Liverpool mientras él y su familia se protegían en algún refugio.

Los espantosas consecuencias psicológicas de la guerra provocaron en el siglo XX grandes avances en el estudio de la salud mental, impulsados en parte por el auge del psicoanálisis, disciplina cuestionada hoy en día en los ámbitos ‘oficiales’, pero de enorme relevancia cultural durante décadas. Hasta hemos entrado en una especie de cultura del trauma, como sostiene la pensadora estadounidense E.Ann Kaplan. Y nos pasamos el día aterrados mientras miramos a las pantallas. Por motivos reales, como una pandemia o un conflicto como el de Ucrania. Pero también por motivos ‘inventados’, como la preocupación por los problemas de seguridad en España, tan exagerados por la extrema derecha y que casan tan mal con los datos sobre criminalidad, que están en mínimos históricos. Pero ahí andamos por la vida, llenos de taras, fantasmas y bloqueos.

Concernidos con este tiempo de malestar, los grupos políticos del Parlamento canario aprobaron de forma unánime en el último pleno una PNL para ampliar la enseñanza en el área de ‘Educación Emocional y para la Creatividad’, también denominada EMOCREA. Impulsada en 2013 por el diputado nacionalista David de la Hoz, se puso en marcha para los primeros años de Primaria en el curso 2014/2015, con Paulino Rivero de presidente y el socialista José Miguel Pérez de vicepresidente y consejero de Educación. El objetivo es que, a partir de ahora, llegue a 5º y 6º de Primaria y se extienda a la ESO.

De la Hoz, que en la próxima vida seguramente será un lozano militante californiano del Partido Demócrata pero que en esta es lanzaroteño y de Coalición Canaria, afirmaba esta semana que se trata de un experimento pionero y llamaba a convertir los centros educativos en “refugios emocionales” para el alumnado ante un mundo lleno de durezas, como evidencian la pandemia, el volcán de La Palma o la simple vida, que está llena de porquería. Varios portavoces destacaron el aumento de ingresos hospitalarios de jóvenes afectados por problemas de salud mental a raíz de la COVID-19. Carmen Hernández, diputada de Nueva Canarias y alcaldesa de Telde, señaló la importancia de este tipo de espacios educativos cuando los referentes no son ya solo la familia o los amigos con los que uno juega en la calle, sino que vienen también de las redes sociales que los jóvenes exploran en la clandestinidad del dormitorio. Con la perspectiva de género en mente, María del Río, de Sí Podemos Canarias, afirmó que esta área educativa puede ayudar a luchar contra la toxicidad de muchas relaciones emocionales.

Todavía no hay informes exhaustivos sobre el impacto de estas enseñanzas, pero hay algunos indicios. “El alumnado de quinto y sexto, que ya ha pasado por esta área, tiene una capacidad muchísimo mayor de lo que hubiera tenido yo a su edad para expresar sus emociones. O de la que habría tenido una persona de esa misma edad hace diez años”, comenta Adriana, jefa de Estudios del CEIP Las Mercedes, en La Laguna. “El hecho de que puedan poner palabras a lo que sienten da muchísimo mejor resultado en convivencia que cualquier tipo de recurso que podamos utilizar para resolver conflictos. Ellos mismos hacen la mediación”.

Con un profesorado que ha sido formado para esta aproximación novedosa y un currículum con actividades y criterios bien establecidos, el alumnado aprende a reconocer sus sentimientos, a identificar cómo está el cuerpo cuando uno está de una determinada manera, a legitimar que se puede sentir tristeza o enfado, a pedir ayuda. También sirve para romper esos estereotipos de género por los que un niño no debería llorar o una niña debería expresar sus emociones de una determinada manera.

En Las Mercedes, el área está inicialmente asociada a la enseñanza del Inglés, pero Adriana explica que se trata como una cuestión transversal que atraviesa las distintas asignaturas, dando una mirada integral al proceso educativo, que allí no se trabaja en compartimentos estancos sino por proyectos que interrelacionan una asignatura con otra. También en Matemáticas se puede trabajar la creatividad. O se puede trabajar las emociones en Sociales y Lengua. Especial importancia tiene la asamblea que el alumnado hace cada día antes de empezar la clase. Allí cuentan sus inquietudes. Y puede aparecer cualquier tema. “Es un espacio seguro donde pueden hablar y ser escuchados”, explica Adriana.
Entre los principales objetivos que definió De la Hoz en el Parlamento en el último pleno está el de aumentar la resiliencia, la capacidad de adaptación a un contexto que muchas veces es complejo. Eso es estupendo. Siempre que no signifique acostumbrarnos aceptar sin más las miserias del mundo y renunciar a cambiarlas.

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