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El caso de las niñas Anna y Olivia, archivado hasta que se encuentre al asesino

La magistrada María de los Ángeles Zabala ha dictado un auto en el que indica que de las investigaciones de la Guardia Civil se desprende que Gimeno "es con toda seguridad" el autor material de los hechos
Anna-y-Olivia
Tribunal Superior de Justicia de Canarias. DA

El Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Santa Cruz de Tenerife ha decretado el sobreseimiento provisional de la causa sobre el doble asesinato de las niñas Anna y Olivia hasta tanto sea hallado su padre y presunto homicida, Tomás Gimeno.

La magistrada María de los Ángeles Zabala ha dictado un auto en el que indica que de las investigaciones de la Guardia Civil se desprende que Gimeno “es con toda seguridad” el autor material de la muerte violenta de sus dos hijas, Anna, que contaba con 1 año, y Olivia, que tenía 6, y se descarta la participación de terceras personas.

Como quiera que la Guardia Civil considera que “no queda ningún aspecto de lo sucedido que no haya sido investigado” y que Gimeno se halla en paradero desconocido, “o bien desapareció en el mar”, como concluye el atestado policial, procede el archivo de la causa “hasta tanto sea hallado el imputado”.

En su auto, la jueza hace constar que la muerte de las niñas fue violenta, compatible, según la autopsia, con una asfixia mecánica por sofocación y la causa inmediata o última compatible con un edema agudo de pulmón.

La data de la muerte de ambas queda fijada entre las 19.54 y las 21.00 horas del 27 de abril de 2021. En ese intervalo horario, según la reconstrucción de los hechos por parte de la Guardia Civil, estaban en la casa familiar de Igueste de Candelaria.

En el relato de los hechos, la magistrada apunta que Gimeno fue a la casa de sus padres en su vehículo, donde supuestamente llevaba los cadáveres de las niñas, donde dejó a escondidas a su perro y dos tarjetas de crédito con sus claves y dos juegos de llaves de un coche suyo, y desde allí se dirigió a la Marina de Tenerife.

Allí tenía amarrada su embarcación, de nombre ‘Esquilón’, donde descargó cuatro bultos, entre ellos las bolsas de deporte donde supuestamente estaban los cadáveres de Anna y Olivia y que días después fueron hallados en el fondo del mar.

En uno de ellos estaba el cadáver de Olivia, mientras que el otro estaba abierto y vacío.

Gracias al seguimiento de la geolocalización del móvil de Tomás Gimeno se pudo acotar la zona de la búsqueda de las dos niñas en el fondo del mar, en la que participó el buque oceanográfico Ángeles Alvariño.

En esa primera incursión, Gimeno habló con su expareja, a la que le dijo que nunca más vería a sus hijas ni a él tampoco.

También la Guardia Civil pudo seguir el itinerario que supuestamente hizo el filicida una vez arrojó al agua los cadáveres de sus hijas, regresó a puerto para cargar la batería del móvil y comprar tabaco y volvió a hacerse a la mar.

Todo ello gracias a las comunicaciones telefónicas, al relato del vigilante de seguridad de la Marina y de una patrullera de la Guardia Civil que le dio el alto porque se estaba saltando el toque de queda vigente entonces.

La embarcación de Gimeno fue localizada frente al Puertito de Güímar y allí fueron encontradas dos botellas de submarinismo.

La Guardia Civil plantea que Gimeno tuvo que hundirse en una zona próxima “pero su cuerpo debió de haberse visto afectado por las corrientes y las mareas, lo que podría derivarlo a cualquier otra posición”.

El caso de Anna y Olivia

La tarde del 27 de abril de 2021 Anna y Olivia fueron asesinadas presuntamente a manos de su padre, Tomás Gimeno, según constató la investigación llevada a cabo por agentes de la Guardia Civil de Tenerife y la Unidad Central Operativa (UCO). Casi un año después, el pueblo sigue llorando la muerte de las niñas, en lo que ha sido un caso de violencia vicaria que ha conmocionado al mundo y, especialmente, a Canarias.

El presidente de la Asociación Sosdesaparecidos y portavoz de la familia, Joaquín Amills, aseveró que el caso Anna y Olivia “ha marcado un antes y un después” en la lucha contra la violencia vicaria y ha dejado “un legado” que están obligados a recibir para que “no siga sucediendo y dejar de usar a los niños con el fin de hacer daño a los progenitores”.

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