en el camino de la historia

¿La Tercera Guerra Mundial? Pudiera ser un cuento

Pudiera ser un mal cuento lo que vaya a manifestar seguidamente… pero me atrevo a relatarlo: las ideas que apuntalaban la intención política de los popes del mundo fracasaron; de aquel estimulante y novedoso “populismo integral” predicado por el asesor de Putin, el filósofo Aleksandr Duguin, cual Rasputín del siglo XXI, quedó en nada; lo mismo que el predicamento ideológico de Ernest Laclau, filósofo argentino que iba por el mismo camino de Duguin, que removió la conciencia de América Latina y que Podemos copió, también se fue al traste. O sea, que de todo aquello que era esplendente y maravilloso lo único que quedó fue el humo.

Un humo penetrante que me despertó de un sueño pesado sin imágenes ni referentes. Pensé que se habían incendiado las casas de alrededor, pero no eran las casas, era el horizonte el que se encontraba en llamas. Los montes marchitos están ardiendo, el campo se convierte en una pira inmensa. Miles de millones de toneladas de ceniza radiactiva vuelan por el aire, miré hacia el Teide por ver si había entrado en erupción, pero no, ahí, a lo lejos, seguía dibujándose, a duras penas, su presencia mayestática e imponente; llegamos a ver en una televisión que iba a desaparecer y apagarse prontamente las imágenes de una Europa que está transformándose en un desierto, rápido e inexorablemente, lo mismo América, Asia, África y Oceanía. La creación de muchos millones de años se hunde, se reduce a polvo y cenizas. Escucho las crepitaciones de los inmensos incendios, lo que motiva que la historia de la humanidad termine entre humo, truenos, gritos y llantos.

Estas llamas son el fin y el principio. La naturaleza, como siempre lo ha hecho, se regenerará, empezará de nuevo; tiene tiempo para durante millones de años corregir lo que el hombre hizo del equilibrio en algunos milenios y al final de unas décadas de incertidumbre. La severidad y las conclusiones implacables de este proceso planetario son impresionantes y las trompetas del Apocalipsis sonaron con una inusitada fuerza detrás de cada puerta como si fuera la corrección de un error transcendental cometido contra la naturaleza.

La película regresa a toda velocidad hasta los inicios de la vida. Ya no se distingue entre los justos y los injustos, entre los culpables e inocentes. La naturaleza no reconoce la culpa y, por lo tanto, tampoco la trampa, solo percibe las funciones, las conexiones y los descalabros mentales de algunos. La historia de la humanidad ha terminado, aunque seguirá existiendo la vida. ¿Pero tendrá mejores resultados un nuevo intento? Una pregunta para la poshistoria.

Entretanto, el mar de llamas que rodea al mundo hace que el aire esté caliente, de un trago, aún teniendo sed. Apuré el vaso de agua lleno de cenizas que difícilmente se colaba por la faringe. El cuerpo empieza a separarse de uno y al final podremos decir que llega la paz, la paz del silencio universal, donde no hay vencedores ni vencidos; la aniquilación ha sido total y es la mejor forma que ha tenido la humanidad para que sirviera de método de los que iban a resolver cuestiones planetarias y lo hicieron desde el exterminio total y desde una psicopatía disimulada, pero altamente agresiva.

El cambio climático, el cual insistentemente se nos decía que había que atajar para que no nos comprometiera la vida en la tierra, no se hizo esperar, los mandatarios del mundo aceleraron este cambio, pero no para cubrirnos de las inclemencia y problemas con la existencia humana, sino para mandarnos al otro barrio.

Ha sido la mejor muestra para saber en qué manos estábamos y comprobamos cómo las retóricas y los discursos huecos pudieron más que la sensatez y el equilibrio emocional de los que, creyéndose poseedores de la verdad, su idiocia y estolidez hicieron posible que apretasen los botones nucleares, que nos condujo al fracaso y a la desaparición.

Esperemos pues que el cuento sea una mala pesadilla y quede como un simple relato.

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