invasión de ucrania

Rusia aflige a los ucranianos con más bombas y misiles sobre sus ciudades

La situación empieza a resultar insostenible en Kiev mientras que los ataques aéreos destruyen sin remedio gran parte de Járkov, donde se dispara con piezas de artillería en el centro de esta urbe
EN EL SÉPTIMO DÍA DE LA INVASIÓN, GRUPOS DE PARACAIDISTAS ENVIADOS SOBRE JÁRKOV DESTRUYERON UN HOSPITAL MILITAR Y LA SEDE DE LA POLICÍA, EN LA IMAGEN. RUSIA RECONOCE CASI 500 BAJAS.

El revés sufrido por Rusia al encontrar en su invasión a Ucrania mayor resistencia de la que se podía esperar en un combate tan desiguales ha provocado que Moscú suba considerablemente la potencia militar empleada en su agresión a un país vecino, pese a que la población civil ya sufre unas consecuencias que aumentan con los combates y bombardeos que tienen como escenario las principales ciudades ucranianas, especialmente en la capital Kiev y la segunda más poblada, Járkov.

Los estrategas rusos mantuvieron ayer la escalada en los ataques aéreos sobre las urbes, a tal punto que en Kiev bombardearon una estación de tren clave para la huida de los civiles que ansían alejarse de este infierno, además de afectar al suministro de calefacción. Anoche se temía que gran parte de la ciudad quedara sin dicho servicio, con lo que ello supone a la hora de combatir el frío en las noches de Kiev.

En cuanto al gigantesco convoy militar que se dirige a la capital ucraniana por el norte, ha quedado estancado entre las últimas 24 y 36 horas por la resistencia ucraniana y porque los rusos se estarían reagrupando y evaluando la situación, informó ayer el Pentágono. “Tenemos algunos indicios, nada que podamos verificar independientemente al 100%, pero son algunos indicios, de que los ucranianos han intentando, de hecho, ralentizar ese convoy”, apuntó el portavoz del Departamento de Defensa estadounidense, John Kirby, en una rueda de prensa. Este responsable estadounidense agregó que otro de los motivos del estancamiento del convoy, que avanza desde el norte hacia la capital ucraniana, son “desafíos logísticos y de mantenimiento”, que los rusos no habían anticipado.

Pero probablemente la peor parte, al menos por ahora, se la está llevando Járkov, una ciudad con casi millón y medio de residentes en cuyas afueras seguía el pasado martes un niño de 4 años natural de Arucas y su madre ucraniana, que informa con regularidad de que están bien pero sin posibilidades de recorrer los 500 kilómetros de distancia con Kiev -como les pidió la Embajada-, no digamos ya los cerca de 1.500 que les separan de la frontera con Polonia. Retornando a la crónica bélica, los milicianos rusos están literalmente arrasando la ciudad, como atestiguan enviados especiales de medios como Onda Cero o la propia TVE. Si la jornada anterior un misil impactó en la sede principal de la autoridad regional, ayer fue el turno de otros inmuebles destacados como la Universidad o el Ayuntamiento. Para hacerse una idea, en el centro de la ciudad se combate con piezas de artillería, mientras que el nuevo despliegue de los paracaidistas rusos solo puede deberse a la determinación de los agresores por tomar definitivamente la plaza aunque el precio sea más terrible de lo que ya es.

Enfrentamientos

La ferocidad de los enfrentamientos a pie de calle y, sobre todo, el creciente nivel de los bombardeos preocupa de tal modo que en Járkov se pedía ayer un corredor humanitario para sacar a la población civil, dado que, si bien las autoridades ucranianas suben la moral de los suyos celebrando la interceptación de algunos misiles rusos, es imposible que se prolongue en el tiempo la actual resistencia. La llegada de voluntarios y los anuncios de envíos de armas por países como la propia España apuntalan la precaria resistencia, pero si Moscú mantiene el pie en el acelerador de la potencia destructora de sus tropas nada podrá impedir que consuma la invasión.

Como es natural, las autoridades de Ucrania han denunciado lo que consideran crímenes de lesa humanidad que los rusos cometen en su implacable avance, que ayer se plasmó en lo que parece ya definitiva conquista rusa de Jerson, una ciudad clave para el control de esa parte del sur del país, cada vez más ocupado por los rusos, que también han dejado a Kiev sin salida al mar de Azov.

Sobre la violencia empleada `por los invasores ayer se manifestó el propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, quien señaló que “está claro” que Rusia ataca a civiles ucranianos de forma intencionada, pero ha declinado decir si cree que Moscú comete crímenes de guerra en el contexto del conflicto.

“Está claro (que Rusia ataca a civiles)”, sostuvo el mandatario estadounidense, tras remarcar a continuación que, no obstante, “es demasiado pronto” para acusar a Rusia de crímenes de guerra. “Lo seguiremos de cerca”, agregó en información facilitada por la cadena de televisión CNN.

En referencia a la adopción de más medidas de represalia contra Moscú por la invasión de Ucrania, Biden también ha reiterado que imponer sanciones a las exportaciones de petróleo aún es una posibilidad que está sobre la mesa. “Nada está fuera de la mesa”, concluyó.

Resta aludir a lo sucedido en la ciudad de Energodar (en el sur de Ucrania), donde miles de trabajadores y residentes bloquearon la carretera de acceso a la planta nuclear de Zaporiyia, frenando así el avance de las tropas rusas a dicha instalación, considerada la mayor de Europa y la tercera del mundo.

No en balde, esta planta nuclear genera alrededor de la mitad de la energía eléctrica del país y más de una quinta parte del total de la energía que necesita Ucrania.

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