Torrijas, huevos de Pascua y buñuelos para sobrellevar la Cuaresma

La abstinencia propia de estas fechas de la Cuaresma se compensó con la pastelería: Las huevos de Pascua, los buñuelos y las torrijas.

Dice el refrán que Dios aprieta, pero no ahoga. Quizás por eso, la abstinencia propia de la Cuaresma se compensó con la pastelería que se consume habitualmente en estas fechas: los buñuelos y las torrijas, estas últimas el postre más representativo de la Semana Santa. El secretario general de la Academia Leonesa de Gastronomía, José Cañedo, sitúa las primeras menciones escritas sobre “el dulce por excelencia de Semana Santa” en el siglo XV, en concreto en un libro de Juan de la Encina en el que habla de “miel y muchos huevos para hacer torrijas”.

Dicen que el éxito de las torrijas, que todo el mundo se atrevió a hacer alguna vez, radica en que no tiene ningún misterio: es solo pan, leche, canela, huevos, azúcar, miel o caramelo, según los gustos de cada uno. Los entendidos afirman que el truco está en el pan -de aprovechamiento, pan viejo o de días anteriores-, que sea de consistencia fuerte para que se empape bien la leche y no se rompa. Aunque en los últimos años se ha puesto de moda usar el brioche, un bollo enriquecido con mantequilla y huevo, y darle el toque final con un soplete al azúcar que lo cubre.

Y aunque Halloween vino para quedarse, la tradición de los huevos de Pascua no termina de implantarse en la Isla, aunque El Aderno los prepara cada año porque tiene una clientela fiel que se los reclama. De diferentes tamaños, con relleno o sin él, con un guiño incluso a los superhéroes de Marvel como Batman, Capitán América o Spiderman, el obrador de Buenavista confecciona huevos de chocolate para el que quiera sumarse a la costumbre de regalar huevos a los niños.

Se dice que, en los albores de la Edad Media, durante las celebraciones, se regalaban huevos de gallina o de pato a los niños y que los cristianos adoptaron esa tradición y, probablemente, la prohibición de comer huevos durante la Cuaresma, decretada por la Iglesia en el siglo IX, fue lo que hizo tan popular su consumo tan pronto empezaba la Pascua.

Los huevos eran guardados durante los días prohibidos, y cuando se terminaba esta etapa de ayuno, se regalaban de unos a otros. Para conservar y mantener frescos los huevos, se bañaban en una fina capa de cera líquida, creando así la costumbre de colorearlos y decorarlos para regalarlos después, según recoge la Wikipedia.

Y junto a los huevos, otros dulces tradicionales de estas fechas: los buñuelos rellenos de crema pastelera que, según la tradición se consumen especialmente los miércoles y los viernes para hacer más llevadera la abstinencia de la Cuaresma.

TE RECOMENDAMOS