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Alberto Rodríguez: “Si Yolanda Díaz viene a hablar de tú a tú, desde el respeto mutuo, estamos abiertos a entendernos”

Tras meses de silencio, Alberto Rodríguez habla en DIARIO DE AVISOS de su nuevo proyecto político
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Después de meses de silencio, solo roto con esporádicas apariciones en redes sociales, el exdiputado Alberto Rodríguez ha aparecido esta semana en varios medios de comunicación para anunciar la construcción de un espacio político de “obediencia canaria” en el que lleva trabajando meses con otras personas y colectivos. Quien fuera secretario de Organización de Podemos ha llegado a la conclusión de que es la mejor forma de impulsar cambios profundos en el archipiélago. Una idea que terminó de cuajar después de que la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, decidiera retirarle su escaño en el Congreso tras ser condenado por el Tribunal Supremo por un delito de atentado a la autoridad.

-Los socialistas sostienen que a la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, no le quedaba otra opción que quitarle a usted el escaño, pues se arriesgaba a una querella por prevaricación…

“Eso es absolutamente falso. Y el que tenga dudas, que lea la sentencia. En ninguna parte está escrito que me tuvieran que despojar del escaño. Se me condenó a una multa que yo pagué inmediatamente. Cumplí con la condena que el Supremo me impuso, desde mi punto de vista, de forma injusta. Y Batet me robó el escaño a mí y a más de 60.000 canarias y canarios que me habían votado, arriesgando la legalidad y la institucionalidad del Estado. Y creo que también su propia carrera política y su reputación”.

-¿Qué más habría sido exigible a Unidas Podemos para defender su situación, estando en un Gobierno de coalición con los socialistas?

“Lo mismo que si yo hubiera sido otro diputado o diputada que viniera de otro territorio o tuviera otros apellidos. Y creo que esa es una percepción mayoritaria en la población canaria. Si yo no hubiese sido un diputado canario de origen obrero sin amigos en las altas esferas, como tienen muchos de ellos, hubiera habido muchísima más presión política y no habría acabado todo en 24 horas poniendo un par de tuits. Y eso tiene mucho que ver con la posición de subalternidad y menosprecio en el que colocan al pueblo canario.”

-¿Y qué me dice de la actitud de los dirigentes de Podemos Canarias?

“Ha habido multitud de bandazos en esto. De quien realmente he sentido el apoyo es de la gente de abajo, de la militancia, de la calle. De quienes están en determinadas posiciones de poder que dependen de los pactos con el PSOE no ha habido un apoyo real, más allá de determinadas acciones performativas. Incluso alguno ha pedido abiertamente que se ocupara ya el escaño”.

-Sin embargo, las personas que le seguían en la lista se resisten…

“Y quiero agradecerles su valentía. Han demostrado lo que significan las palabras solidaridad y dignidad, conceptos inquebrantables para los movimientos sociales. Luego llegas al mundo institucional y ves que algunos convierten esas palabras en simples tuits. Lo que están diciendo estas compañeras es que lo que ha ocurrido es una barbaridad democrática. Y no porque sea Alberto Rodríguez, sería lo mismo si fuera otro. Vamos a poner nuestro grano de arena para que se haga justicia. Si yo tengo una sentencia favorable, y estoy convencido de que la tendré, si no en el Constitucional, en el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, estaremos sentando un precedente para que estas cosas no ocurran más”.

-¿Y no le pesa que pueda pasar como en la reforma laboral, que estuvo a punto de no salir adelante?

“A quien le debería pesar es a Batet, al PSOE y al Gobierno de coalición en su conjunto. A mí me puso en el Congreso el pueblo canario, que debería ser el único que me pudiera sacar. Y sobre la votación de la reforma, hay que decir que estuvo a punto de no salir por el voto de dos tránsfugas de UPN que no siguieron la directriz de su partido. Pero también habría que preguntarse qué hizo cada cual a la hora de configurar las mayorías para la aprobación de la reforma”.

-En esta decepción suya, ¿qué piensa sobre la actitud de Yolanda Díaz?

“Creo que fue de las más valientes en ese momento, de las que más apoyo me mostró”.

-¿Cuándo se cayó del guindo respecto a los problemas de los partidos estatales sobre la diversidad territorial? Porque usted fue secretario de Organización de Podemos…

“Ahí precisamente. Cuando uno participa en algunos espacios de poder y ve que pasan determinadas cosas. Por ejemplo, lo que ocurrió con la crisis migratoria. Fue la sociedad civil organizada la que evitó en Canarias brotes de racismo. Y retener aquí a todas esas personas fue una irresponsabilidad política tremenda del Gobierno central. Y una falta de respeto a los derechos humanos. Yo intentaba plantear esos debates en el espacio de Podemos y siempre había un asunto más importante. Si esto hubiera ocurrido en Cataluña, no se habría actuado igual”.

-Pero usted no es ajeno al devenir de Podemos. Era secretario de Organización cuando se rompió definitivamente la relación con la gente de Adelante Andalucía. Y estuvo en la candidatura de Pablo Iglesias en Vistalegre II, que tenía una propuesta más centralizada que la de Íñigo Errejón…

“Eso es una valoración subjetiva. Estando yo en la Secretaría de Organización, impulsamos, junto a Ana Marcello, secretaria de Círculos, un empoderamiento de los círculos en todas las estructuras. Sobre todo, a nivel autonómico, con la garantía de no intervención en los procesos de deliberación política de todos los territorios. Intentamos que las cosas fueran diferentes. Pero hay momentos en los que chocas contra un muro. Y luego está lo que ocurrió con el escaño. Entonces te planteas: ‘Pues yo, que tengo la autoridad moral de haber intentado este camino, no lo voy a hacer más. Y quizá la gente que pensaba que en estas estructuras estatales era imposible que el pueblo canario avanzara lo suficiente, sin tutelajes, tenía razón”.

-El proyecto que está usted proponiendo, ¿no se parece un poco a lo que ha hecho Adelante Andalucía?

“La idea no es importar modelos. Ni observar solo lo que ocurre en el Estado español. Hay procesos de participación en el Caribe, en América, en el continente africano. Creo que nuestro futuro pasa por entender que no solo tenemos un vínculo claro y unidireccional con el continente europeo, sino que los canarios y las canarias somos una realidad muy diversa, muy mestiza. Pensamos que hay un espacio social con una expresión cultural clarísima de todo esto. Y que ha habido un proceso de pérdida de complejos, de ganar autoestima, de tener una perspectiva autocentrada. En Canarias somos punteros en la música urbana, en literatura, con autoras como Andrea Abreu, que solo hace falta que la traduzcan al arameo, en el humor… Y eso también se está produciendo a nivel social y político: queremos decidir el futuro de nuestras islas porque vemos que se las están cargando”.

-En su entorno hay personas reflexionando en clave decolonial. ¿Usted diría que Canarias tiene elementos propios de una sociedad colonial?

“Clarísimamente. Y lo he dicho siendo dirigente de Podemos. El ejemplo que pongo siempre es el de las prospecciones de Repsol: el pueblo canario salió mayoritariamente para manifestarse en contra. Y, desde un centro de poder, a 2.000 kilómetros, se dijo: ‘No, no, no. Las prospecciones se hacen porque lo digo yo’. Ahora tenemos el tema de los recursos minerales del Mount Tropic, el cambio de posición respecto al Sáhara de Pedro Sánchez o la negociación con Marruecos de las aguas territoriales, donde el papel de Canarias es testimonial. No, mire, la sociedad canaria tiene que tener un papel central en todo eso. Aunque el problema no es solo con el Estado: a veces, las decisiones se toman a 4.000 kilómetros. Porque no puede ser que TUI, un turoperador extranjero, decida desde Hanóver sobre el modelo turístico de Canarias. De los 140 euros por persona y día que gastan los turistas en Canarias, 100 se quedan en origen, según datos del ISTAC. Y ¿con qué nos quedamos nosotros? Con los bajos salarios, la precariedad, la destrucción del territorio, los problemas en la gestión de los residuos o la presión sobre las infraestructuras y los servicios públicos”.

-Pero también hay una parte importante de estos asuntos en los que podemos actuar ya con nuestras competencias…

“Por supuesto. En una realidad de raíces coloniales tienen mucha responsabilidad las élites que gobiernan el territorio. ¿O no actúa la realidad colonial cuando se permite que una gran constructora fabrique, con un grupo belga, en el Puertito de Armeñime? ¿O cuando los importadores traen no sé cuántos kilos de papas a riesgo de hundir a los productores locales? Aquí no ha habido una burguesía que quiera hacer una construcción nacional del Archipiélago, como sí han hecho la vasca o la catalana. Es lo de siempre: dame más millones. O que vengan más turistas, nómadas digitales… Y venga carreteras. Y cuando ya no podamos más, los hijos de las élites se irán a estudiar a París, Londres o Nueva York. Y al resto, que les den. Al final ese es el modelo colonial. Estamos en un momento en el que nos jugamos el futuro. Tenemos una gran oportunidad con los fondos Next Generation para cambiar el modelo productivo, pero no vemos cambios respecto a los que estuvieron gobernando durante 30 años…”.

-¿No percibe cambios en el Ejecutivo actual? Hay una Agenda Canaria de Desarrollo Sostenible muy potente que va a marcar las políticas públicas, un plan de inversiones en renovables muy fuerte, una Ley de Cambio Climático en ciernes… Sus excompañeros de partido están en ese Gobierno…

“No voy a ser yo quien diga que todo es igual. Es obvio que no. Y habiendo estado donde he estado, sé lo complicado que es transformar las cosas. Pero lo que seguimos viendo es el rechazo a una tasa turística, cuando somos uno de los mejores destinos del mundo. O a plantear cualquier tipo de moratoria turística, mientras se quieren hacer hoteles de lujo en los pocos espacios vírgenes que quedan en el archipiélago. Ahí están Fonsalía, la carretera de La Palma, El Cotillo…”.

-Ahora también se paralizan cosas, mientras que antes se descatalogaban los sebadales para construir el Puerto de Granadilla…

“Pero gracias a la presión social. Si no, no se habría movido nada”.

-Y este nuevo proyecto, ¿piensa contar con la gente de Podemos en las Islas?

“El espacio es muy amplio. Y hablaremos con quien sea si se cumplen las premisas claras de obediencia canaria. De que las decisiones se tomen aquí, los recursos se gestionen aquí y los altavoces sean de aquí. También se debe respetar la confederalidad canaria, evitando una especie de tiranía de Tenerife y Gran Canaria sobre las otras islas. Y debe tener carácter popular, porque de obediencia canaria hay más espacios, pero no es lo mismo obediencia a la patronal hotelera, a los constructores y a los importadores que a la mayoría social del Archipiélago”.

-Usted mencionaba el otro día a la Unión del Pueblo Canario, pero una parte de ese legado está también en Nueva Canarias, un actor muy importante. ¿Cómo piensa abordar ese cisma nunca resuelto de 1993, cuando un sector de la izquierda nacionalista se unió al regionalismo conservador?

“Sí, NC es un actor muy relevante, sobre todo en Gran Canaria. Y tiene una importante representación institucional, incluida su participación en el Gobierno de Canarias, con todo lo que eso implica. Es evidente que un espacio como el que pretendemos configurar no puede actuar como si no existieran. Pero, ¿cuál será la relación y el diálogo? Eso es algo que me excede a mí. Pero creo que es un debate de muchísimo calado. No podemos obviar a ese ámbito que se denomina como canarismo progresista. Por eso digo que se tienen que hacer las cosas desde la diversidad y sin sectarismos. Aquí todos cargamos nuestras mochilas”.

-¿Y con el espacio de Yolanda Díaz se pueden entender de cara a unas elecciones generales?

“Si el espacio de Yolanda respeta esa obediencia canaria, si entiende que Canarias tiene derecho a decidir sobre su futuro y sobre las cuestiones que le afectan, por supuestísimo que tiene las puertas abiertas. Pero hablando de tú a tú, desde el respeto mutuo”.

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