tribuna

Soldado universal

La novedad de la próxima cumbre de la OTAN, en Madrid, es que por primera vez los antisistema que siempre han acompañado a estos acontecimientos están en el gobierno del país anfitrión. Ya está llegando esa avalancha de brigadistas internacionales que son los francotiradores de la protesta tradicional. No es el pacifismo lo que representan sino una corriente de contestación al modelo establecido, ya sea en forma de organización militar o económica, como ocurre también con las reuniones del FMI. Cuando yo era joven me gustaba el “Universal soldier”, de Donovan, y cantaba las canciones de Pete Seeger, de Bob Dylan o de Tom Paxton, pero aquello era una forma de estar en la actualidad, con la guerra de Vietnam todavía viva, ardiendo como el napalm en el interior de una selva asiática. Ahora, pese a que algunos digan que le he dado la espalda a mis antiguas convicciones, intento adaptarme al mundo razonable de los que entran por el aro y sumarme al sentimiento de las mayorías. Qué conste que en aquellos años no estuve alineado en el bando de ningún movimiento internacionalista, sino que mi sentido de la independencia me acercaba a protestar por aquello que no consideraba justo. Hoy, curiosamente, una encuesta dice que en España hay un 87 % de ciudadanos partidarios de la adhesión a la OTAN. Son un 30 % más de los que lo eran en 1982, cuando Felipe González amenazó con dimitir si sus correligionarios de la izquierda se oponían a ratificar el ingreso que había hecho Calvo Sotelo. Estábamos en la democracia, habíamos entrado en la Transición y superado un intento de golpe de Estado el año anterior. Dice hoy Enric Juliana que este incremento de fiebre atlantista se debe al miedo por la invasión de Ucrania, aunque yo pienso que es un indicador explícito de lo que piensa la sociedad española sobre cuestiones que hoy se consideran nostalgias de antiguos revolucionarios. No puede haber OTAN sin contestación, ni Orgullo sin reinonas, ni final de la copa sin pitos al himno. Hay cosas que vienen apareadas a otras y han pasado a formar parte del protocolo necesario. Por eso el ministerio anuncia las medidas de seguridad para protegerse de los ataques alentados por una parte del Gobierno. Esta es la novedad. Lo demás es lo de siempre, y hasta yo estaría dispuesto a desempolvar una vieja canción de Donovan en mi tocadiscos que ya no funciona. Pero esto no es solo mantener la postura testimonial de toda la vida, es algo más. Que Podemos no esté de acuerdo con la OTAN es normal. Lo raro sería lo contrario. El problema consiste en que a esta postura se la considere como el comienzo de un distanciamiento que empieza a existir desde hace más tiempo y que ahora se acrecienta, después del resultado de las elecciones andaluzas. El termómetro que mide la temperatura de los españoles dice lo que dice, y ese 87 % favorable a la OTAN, que no sé si coincide con el apoyo a un aumento del gasto militar, es indicativo de que el electorado huye de la radicalidad y se dispone a adoptar posiciones más discretas en un mundo que se le vuelve cada día más alarmantemente caótico. Europa se ha llenado de halcones y palomas con esto de la guerra. Por eso dice Juliana que la invitación a que Ucrania forme parte de la UE lleva consigo la aceptación de una paz negociada en la que habrá que hacer algunas cesiones. El núcleo fuerte apuesta por esta solución. De España todavía no se sabe nada a pesar de que ese sea el tema principal sobre el que pivote la reunión de Madrid. No sé si cabe en el espíritu de esta OTAN defensiva desempolvar el “Universal soldier” de Donovan, pero no estaría de más pensar en que el miedo no es buen consejero para superar los problemas que nos acosan. Ese miedo apocalíptico que consiste en hacerle caso a los profetas que nos lo inoculan cada día desde sus esquinas tenebristas.

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