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El Spiriman más personal: “O te mata el cáncer, o los tratamientos”

El médico granadino Jesús Candel ha puesto en marcha ya tres centros de la Unidad de Apoyo a Pacientes Oncológicos: dos en Granada y uno en Madrid
Spiriman
Spiriman. | EL ESPAÑOL

-Jesús, ¿se arrepiente de algo ocurrido en todo este tiempo?

“Cuando estoy con los efectos secundarios de la quimio, a veces me vienen esos pensamientos y empiezas a hacerte esas preguntas. Al final llego a la conclusión de que, tras valorarlo todo, estoy donde estoy por todo lo anterior… Me llena tanto lo que hago ahora mismo, practico una medicina tan independiente, hago lo que quiero, nadie me dice nada, no me tengo que estar peleando con nadie, sólo tengo gratificaciones… […] De lo que me arrepiento es de no haber sabido todo lo que sé ahora al empezar la lucha. Pero eso es imposible. Todo se aprende con una trayectoria. Hacer lo que hago, con tan buen rollo, estar rodeado de tanta gente y que Lidia Bosch haya colgado un vídeo de la UAPO… Todas estas cosas que me están pasando no hubieran pasado si yo no hago lo anterior. No me puedo arrepentir. Muchas veces me pongo a leer las cosas que me escriben y no te puedes hacer una idea lo que te hace sentir… Gente que no te conoce y te dice que te quiere como parte de su familia… Eso es la hostia y yo digo: ‘¿Cómo me voy a morir?’. Es que… Pff… Me emociono, tío…”.

Según publica este domingo el diario EL ESPAÑOL, hace seis años comenzó todo. Por entonces, Jesús Candel (Granada, 1976) era un médico granadino más. Su familia, sus pacientes y sus cosillas. Poco más. Todo cambió cuando quisieron fusionar los dos hospitales de Granada. Ahí sustituyó la bata por el traje de Spiriman, una especie de superhombre que se enfrentó a la Junta de Andalucía para conseguir que en la capital nazarí hubiera dos hospitales y consiguió una relevancia pública extraordinaria. Puede parecer que ha pasado una eternidad, pero para él “fue ayer” cuando se inició la pelea.

Su canal de Facebook pronto alcanzó los cientos de miles de seguidores. Un vídeo suyo se viralizaba en cuestión de horas y organizaba manifestaciones masivas para luchar por la sanidad pública. Susana Díaz y el PSOE Andalucía le temían; la oposición le llamaba para ofrecerle entrar en sus filas; era el héroe del pueblo.

Pero la popularidad de Spiriman fue cayendo con el paso del tiempo. La lucha encarnizada le llevó a pisar los juzgados, como acusador en temas de corrupción y como acusado incluso por compañeros.

El rey del pueblo pasó a ser más odiado que amado. El Gobierno de Susana Díaz cayó en 2018 y él se siente plenamente culpable de aquello. El PSOE perdía Andalucía tras 40 años de Gobierno. “Juanma Moreno me llamó para darme las gracias y ofrecerme ser Consejero de Sanidad”, dice en conversación con este periódico en vísperas de unas nuevas elecciones andaluzas.

Llegó el coronavirus y la popularidad de Spiriman terminó de caer. Lo que catalogó de “pollonavirus” acabó convirtiéndose en una pandemia mundial. “Yo sólo era el altavoz de lo que estaba viendo un grupo de médicos”, expone mientras habla de cómo soporta la crítica en un punto de la entrevista. Asegura que ya le preocupan poco.

El siguiente capítulo en su vida fue el cáncer. Era octubre de 2020 y Spiriman se alejaba de su lucha mediática para centrarse en su pelea contra la enfermedad. Le habían dado tres meses de vida. El médico anunció al poco una curación milagrosa y luego una recaída. Ahora, los rizos y la barba de Spiriman han dejado paso a una tez rasurada donde el pelo sólo se asoma en cejas y pestañas por culpa de la quimioterapia.

Aun así, está centrado en su proyecto estrella: la Unidad de Apoyo a Pacientes Oncológicos (UAPO), en la que hacen hincapié en el trabajo de la fuerza física, la fisioterapia y la mente para luchar contra el cáncer. La unidad está abierta en Granada y pronto hará lo propio en Madrid. Cuando le preguntan si abrirán en otras ciudades, reclama ayuda: “Moved el culo. Esto necesita de socios”.

Los últimos meses

“Estoy viviendo las cosas que he atendido siempre y que he leído en los libros”, comenta el médico. El día a día de Spiriman es mucho más tranquilo que antes. Habla sosegado, tranquilo, aunque a veces se le nota enervado. Durante la entrevista, también se emociona. Lo hace cuando rememora los mensajes que ha recibido en este tiempo.

Contesta después de una noche en la UVI. “Bien, es durillo todo, otra vez liado”, contesta antes de explicar que se ha operado del cáncer de pulmón por la privada.

Desde su experiencia como paciente oncológico, “se habla mucho de los avances para la cura del cáncer, pero al final nosotros decimos: seguimos tratándonos con fármacos de los años 70 u 80 muy agresivos. Es una barbaridad. Si el cáncer no te mata, te matan los tratamientos. O estás sumamente fuerte para aguantarlo o te dan por el culo. Hay que tener el cuerpo, la mente y la alimentación muy cuidada”.

Spiriman tiene claro que contra el cáncer no sólo valen los fármacos. “Echo de menos en la sanidad pública muchos tratamientos que no provengan de la industria farmecéutica”, expone. “Hay muchos médicos que hablan de la importancia de la microbiota intestinal, es que es ciencia. Es como el ejecrcicio físico. ¿Por qué no hay preparadores físicos dentro de la sanidad pública? En eso no se va a invertir jamás. Si no se invierte en lo básico…”.

Por eso decidió crear la UAPO. Ha puesto en marcha la de Granada, donde habrá una para los granadinos y otra para pacientes que llegan de toda España. “Viene gente de Canarias, La Coruña, Madrid…”.

El proyecto ha ganado tantos adeptos en los últimos tiempos que pronto abrirá en Madrid. “En septiembre. Son gente muy conocedora, unos maquinorros que lo han puesto todo. Lo hemos hecho a través de socios. En Madrid tenemos unos 1.800, y unos ingresos mensuales que rondan los 3.000 euros. Están poniendo todos los medios para montar las instalaciones, todo el equipamiento, a través de gente que ayuda y lo costea. La UAPO le ayudará para que los socios madrileños mantengan el coste humano, que es en lo que nos gastamos el dinero”, cuenta Candel.

Y es que ese podría ser el resumen. El ciudadano que quiera tener una UAPO en su ciudad puede poner el proyecto en marcha. Sólo tiene que encontrar a la gente que aporte el capital necesario para pagar a los profesionales y encontrar el sitio donde se desarrollará. “Está costando mucho que cedan sitios”, advierte Spiriman.

El médico andaluz agradece mucho a todos aquellos que aportan su granito de arena. La última persona que lo hizo fue una de las limpiadoras del centro granadino. “Esto lo hace gente que tiene dinero y gente humilde que pone su dinero. La señora que trabaja allí de limpiadora, con un sueldo de cualquier mujer de la limpieza, ha comprado una máquina de gimnasio y la ha llevado allí. Dices, tiene huevos, que se ha dejado el sueldo del mes”.

Su experiencia le dice que la gente “sabe lo que es el cáncer, pero le cuesta aceptar que los políticos no van a cambiar eso. Hay que invertir en investigación, pero también en implantar cosas ya inventadas”. Se refiere al cuidado de la salud en temas de prevención.

“También te digo —expone Spiriman—: la culpa a los políticos, pero usted qué hace. La responsabilidad es nuestra, nosotros podemos cambiar las cosas. Queremos una UAPO, en Granada vamos a hacer dos. Si quiere una en Huelva, pues mueva el culo, no espere que lo hagamos nosotros. 8.000 socios pusieron en pie la de Granada. Es muy fácil, pero la gente no se lo cree. Actúan como los políticos”.

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