visiones atlánticas

Fútbol con religión y política

Bajo la sombrilla con sol y playa, veo la vida distinta. Aquí temas complejos me parecen sencillos. Se empeñan en aprovechar que nos hemos ido de playa para hacer cambios, donde cualquiera que se introduzca ahora empeora la situación. Improvisación y desmemoria, donde el relato oficial no podrá contra la historia científica. Como nos cuentan tres hispanistas muertos este año, el inglés John Elliot, el español García de Cortázar y el americano Richard Herr. Es agosto y me entretengo con los cuentos sobre la visita del Tenerife Club de Fútbol a Roma, a ver al papa Francisco, 266 en la silla de Pedro. Jorge Bergoglio, Buenos Aires 1936, jesuita transmutado a franciscano, es Jefe del Estado Vaticano, en terminología ONU monarquía teocrática, del más pequeño de los seis microestados europeos, el mayor con sus 1350 millones de fieles, en los cinco continentes. Me parece aprovechado que Miguel Concepción, Presidente del Tenerife y su Junta, en el ascenso a primera división, hayan procesionado a Roma en el Centenario del Club, para ponerse bajo la advocación de la iglesia, porque igual su remedio es más provechoso que el de los goles. En un acto de realpolitik, el fútbol se convierte en una poderosa arma de identidad, donde el deporte desplaza a la nación que nos van reduciendo y a la religión que prefiere refugiarse en las identidades simbólicas que la vienen suplantando, incluida la del fútbol. Se sumó a la procesión romana la política canaria, representada por el Gobierno Autonómico, con su presidente Ángel Víctor Torres, Pedro Martín, presidente del Cabildo de Tenerife, propietario que es del estadio del Tenerife y el alcalde de Adeje, José Miguel Rodríguez Fraga. Protocolariamente habrá acudido como presidente del PSOE canario desde 2017, y vocacionalmente por ser el más católico de sus cargos. Lo que nos aclara su interés por la visita vaticana, tanto como su inaudito éxito electoral, por 9 legislaturas las 8 últimas con mayoría absoluta, es el alcalde más votado de España. Como alguien decía, el mejor socialista es el cristiano. Como lo somos muchos sin ser creyentes. Me reconozco “agnóstico-cristiano”, humilde cristiano sin fe, gracia divina obligada para su adquisición. Carente por ello de esa gracia, no lo estamos de otras, cuando apoyamos a la iglesia marcando la X en la renta, para las ONG de la iglesia católica, las más efectivas en España y el mundo, donde somos la primera potencia misionera, iglesia que apoyamos por la “virtud de su identidad y sus valores”. Que los han unido a ellos para ir a Roma, de la mano de nuestro obispo Bernardo. Es la identidad el nexo que supera sus distancias; que aprovechan mejor la política y la religión. No parece el mejor momento del PSOE canario, esquinado en las crisis generales de nación, virus, guerra y economía, elevadas en Canarias por los olvidos de Madrid, la desnortada estrategia con el Sáhara y sus aguas territoriales, con la emigración y las crisis africanas que vienen desde el Sahel y no queremos ver; con Francia replegándose de su área de influencia, que ocupa Rusia. El Papa Francisco, ha escondido su mala conciencia en un melifluo “indigenismo”, que traduce con la equidistancia que viene ejerciendo en México, en Canadá y ahora en Nicaragua, ante el desplome del régimen bolivariano Ortega-Murillo. Que ha expulsado del país hasta a la Madre Teresa y apresado al obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez. No es posible dialogar cuando la otra parte pretende tu exterminio, cuando las reglas no son compatibles. Cuando se acerca el Papa a la “teología de la liberación”, que excomulgó San Juan Pablo II con Benedicto XVI, al traicionar con su ideología la causa de los pobres En situaciones extremas el comunismo, como el islam, acaba con los cristianos. Dios nos mira y valora nuestros actos. Sube la marea y tengo que mover la hamaca y la sombrilla. O sea.

TE RECOMENDAMOS