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Un rato en NY y otro en Londres

Ayer estuve un rato en Nueva York y otro en Londres, después de almorzar en mi casa. Nada, me entretuve en conectar las cámaras instaladas en varios puntos de las dos ciudades y así aprovechar para ver a Nelson manco, pero los británicos nunca dicen que perdió el brazo en Tenerife, durante el asalto a Santa Cruz. En los archivos del Lloyd´s, que yo consulté en su día, descubrí abundante documentación de esa batalla y en The Map House, en la calle Beauchamp Place, encontré algún mapa de la época, hace ya muchos años. Las reliquias de la derrota de Nelson en 1797 no son pocas y aunque en general han estado mal cuidadas, se mantienen para la historia. Ahí tienen al cañón Tigre, que según la tradición disparó el racimo de metralla que le quitó el brazo a Nelson. El tío, que desembarcaba en una lancha, tuvo los santos huevos de meter el muñón en un barril de serrín para intentar contener la hemorragia hasta que regresó al Theseus, un barco de más de 70 cañones, y el cirujano de su navío le hizo el encaje de bolillos. El cirujano se llamaba Thomas Eshelby. Le amputó el brazo derecho al almirante y le extrajo un trozo de metralla, por lo que se supone que el Tigre disparaba no balas de cañón sino un cóctel mortífero de muchas cosas. Algo así como las bombas de racimo de ahora. Total, que viajé por Londres y Nueva york, me detuve en Picadilly Circus, observé de reojo Burlington Arcade y hasta llegué a la puerta del Hotel Plaza, que ha sido siempre el hotel de mis más recordadas estancias neoyorquinas. Con lo mal y lo incómodo que está el mundo, ¿para qué salir de casa si desde aquí lo veo todo?

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