tribuna

La nube blanca

En medio de la tormenta, los marineros suelen buscar el ojo del huracán, el lugar de entre todo lo adverso donde reina una calma providencial que ampara a los náufragos en las peores circunstancias. Nuestra tormenta perfecta desde 2020 no es una excepción. También tiene su ojo del huracán, el refugio de los desahuciados. Y acaso la tabla de salvación. Igual que la metáfora de los cisnes en las desgracias y la prosperidad, hay nubes negras y nubes blancas. Y de estas últimas se habla poco o nada.

En septiembre, una nave espacial kamikaze, mientras en la Tierra nos debatíamos entre los efectos de la pandemia y la guerra, se abalanzó contra un asteroide, cual David contra Goliat, y logró desviar su trayectoria, un hito histórico. Sin embargo, aquí abajo se consideró un simpático episodio más que añadir a las imágenes del gran angular del telescopio James Webb o los satélites de la NASA, entre las que hemos creído ver un sol sonriente en sus agujeros coronales o la mano alargada de un Dios longevo. Los expertos nos llamaron la atención: el pequeño DART, del tamaño de un mechero en comparación con las dimensiones de un estadio de su oponente, había colisionado con Dimorphos, tras entrenarse con las lunas de Júpiter, demostrando que la Tierra se puede librar de otra extinción de los dinosaurios (los actuales, en su peor versión) el día que corramos un verdadero riesgo. Esa buena noticia en mitad de las desgracias de esta década no ha sido la última, y a nuestra escala hemos tenido unas cuantas sobre las que hemos pasado de largo, seducidos por las filias del Apocalipsis.

Sucedió en el caso de Hermine, hablando de tormentas, que se nos vendió como otro Delta (mejor prevenir que curar, decía en los años 80 Ramón Sánchez Ocaña) y devino en amable ciclón, ignorando la cizalladura del viento, llenó los embalses de agua, empapó la tierra tras la sequía y la cubrió de verde. Verde lucieron las Islas de norte a sur, como hacía mucho tiempo. A veces el volcán no explota, pero no lo celebramos.

En Canarias llevamos la mejor racha turística que se recuerda, incluso la inminente recesión en Europa no parece amenazarnos. Podemos estar ante un momento óptimo, un rayo verde estático, que Julio Verne decía que debe de ser el verde del paraíso y seguramente el verdadero verde de la esperanza.

Cuando en 2008 serenó una noche que supuso una noche larga, la economía se quedó en los huesos porque la humedad derivó en aquella crisis bronquial de la Gran Recesión, y sufrimos hasta mediados de la década siguiente una austeridad que nos dejó sin aliento. Recuerdo la sensación: no había un euro en la calle. Algo así como el turismo cero pero llevado a toda la economía. En la crisis de la pandemia, Europa cambió de manual, descartó el método de Wolfgang Schäuble, aquel ministro de Merkel puño de acero, que nos tenía a palo seco, y abrió keynesianamente la mano con un súper presupuesto generoso de Úrsula von der Leyen y los fondos Next Generation. Gracias a ello, no hemos vuelto a revivir la pesadilla del ocaso de Lehman Brothers, la tortura de las primas de riesgo, la arrogancia de los hombres de negro de la Troika, la espada de Damocles del rescate y la desagradable admonición contra los griegos por parte de Bruselas que hizo bramar en verso a Günter Grass ante la atrocidad de querer expulsar a la madre Atenas. de la UE. Hoy no somos conscientes de lo que nos hemos librado, habiendo ocurrido esos hechos hace tan poco tiempo.

No. No todas las noticias se han puesto en la misma fila de la pandemia y la guerra. Otras se alinean en planetas aparte trayendo buena suerte. Son buenas noticias, desafiando a aquellas. La nube blanca y la nube negra. Trump amenazó con volver indemne tras las midterms. Pero a Fausto esta vez le ha salido el tiro por la culata, los resultados no han sido los que esperaba y ya tiene su némesis, Ron DeSantis el gobernador de Florida con su hijo en brazos decidido a ser el candidato republicano. Biden había advertido de que la democracia estaba en peligro. Esa nube también pasó. Y han asomado otras señales. Se ha vuelto a hablar de negociar la paz de Kiev, el teléfono rojo parece volver a estar activo, se intercambian prisioneros y Jersón confirma que Rusia recula. Albares dijo en el Foro Premium de DIARIO DE AVISOS que “no hay un solo indicio de que Putin vaya a usar la bomba atómica”, y queremos creer al ministro de Exteriores, por la cuenta que nos trae.

La misma ráfaga de viento que despeinó a Trump en estas elecciones, desbancó poco antes a su correligionario Jair Bolsonaro en Brasil, y la vuelta de Lula contraviene los planes del populismo ultra que alentaba Steve Bannon, hoy por cierto reo de la justicia por estafa y conspiración.

El neurólogo español Álvaro Pascual Leone aconseja visualizar los deseos positivos de la vida, porque la ciencia ha llegado a dar crédito al optimismo del conductor que confía en encontrar aparcamiento y lo logra. Algo de eso se vislumbra en los últimos hallazgos de la medicina, de los que viene dando cuenta Nature, y ya hay profetas de la vacuna contra el cáncer: es el caso del matrimonio de sabios de BioNTech, padres del antídoto de ARN mensajero contra la COVID, que asegura que el milagro está al alcance de la mano, para antes de cuatro años.

Quizá hayamos empezado a ir, de vuelta sin saberlo, de la distopía a la utopía. Los más futboleros dirán que el Tenerife ganó al líder, el Burgos, contra todo pronóstico, y que España, ahora que está en puertas Catar, fue campeona del mundo en 2010 con todos los augurios en contra, en la Sudáfrica que había resurgido, precisamente, de su noche más larga de la mano de Nelson Mandela.

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