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Los ingenieros de César

Me envía José Juan Ramírez Marrero, presidente de la Fundación César Manrique, el libro que cuenta la amistad y la colaboración que mantuvieron el fallecido artista y sus ingenieros de referencia, y grandes amigos, Juan Alfredo Amigó Bethencourt y José Luis Olcina Alemany. El libro está escrito por el periodista lanzaroteño Mario Alberto Perdomo y aporta las interesantes vivencias técnicas y artísticas entre los tres protagonistas. César Manrique, a quien conocí muy bien, lo resolvía todo dibujando sus proyectos en una servilleta. A mi amigo el periodista Agustín Acosta y a mí nos dibujó en una de ellas el logo de Habla Lanzarote, una revista que finalmente no salió. A esta relación entre César, Juan Alfredo y José Luis había que añadir la de otra persona excepcional, Luis Díaz de Losada, el constructor que les adivinaba el pensamiento a los tres anteriores. Un hombre creativo y cordial, que internacionalizó, por ejemplo, la inauguración del Lago de Martiánez trayendo a la actriz y cantante Josephine Baker. Yo creo que esa actuación la pagó de su bolsillo. Mario Alberto Perdomo ha sabido glosar la relación entre el artista y los dos ingenieros de Caminos, que fueron capaces de hacer posible lo imposible, porque de la mente de César Manrique sólo salían cosas imposibles. Juan Alfredo y José Luis también hacían cosas increíbles dentro de la ingeniería: imaginativas y poco o nada creíbles hasta que estaban terminadas. Tuvieron la gentileza de invitarme a Ceuta para ver el Parque Marítimo de aquella ciudad, obra póstuma de César, viaje del que nació un libro titulado Ceuta, nuestro paraíso. Ya no quedan ejemplares, claro. Este de Mario Alberto Perdomo es un libro que hace justicia a un trío excepcional, a las personas que quisieron -y finalmente pudieron- cambiar la estética de las islas, con creaciones absolutamente fundamentales en su paisaje.

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