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Wolf

Yo soy amigo del profesor Wolfredo Wildpret por familia. Y me alegro de verlo tan bien, tan lúcido y tan sonriente. Lo digo por las fotos y por las imágenes de la sesión de la Academia de Medicina, donde pronunció la laudatio de Marisa Tejedor como miembro de honor. La última entrevista que le hice a Wolf fue en febrero de 2019. Le pregunté cómo conoció a su joven esposa, Victoria Eugenia Martín Osorio, Quica para los amigos, profesora como él, y me dijo que leyera la letra del bolero Cómo fue, que dice: “Fue una luz/que iluminó todo mi ser/tu risa como un manantial/regó mi vida de inquietud”. Lo cierto es que llevan 28 años juntos, que son como los apofermentos y los cofermentos, que no pueden vivir separados y que Wolf ha superado hasta dolorosas caídas por las escaleras y baja a la playa cada día para estar en contacto con el mar. Sigue en forma y yo me alegro de todo eso, como me alegran sus llamadas cada vez que le gusta más de la cuenta un artículo mío, que lee cada día. Dudo que haya un catedrático, un biólogo, un científico, fundador de la Facultad de Biológicas de La Laguna, con más prestigio en su área en nuestro país. Es doctor honoris causa por la universidad alemana de Leibniz, en Hannover, y una autoridad en la biología mundial, discípulo del gran Sventenius, que murió en Las Palmas, creo que atropellado por un coche. Nuestras conversaciones giran a menudo en torno al pasado de un lugar que es común y tan querido para ambos: el Puerto de la Cruz, donde nuestras familia residen, en su caso desde los tiempos de su bisabuelo, que fue jardinero mayor del Botánico. O sea, que el amor por las flores y los árboles y la Naturaleza le viene de casta al galgo. Enhorabuena, amigo, por esa laudatio que Marisa te habrá agradecido.

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