tribuna

Tú cantas, yo te bombardeo

Por Rafael Torres.| Justo en el instante en que el dúo Tvorchi, representante de Ucrania en Eurovisión, salía al escenario para interpretar su pieza, Putin bombardeó su pueblo, Ternopil. Eso de que sus víctimas canten, que todavía canten, no podía quedar sin respuesta. El Festival musiquero que, vaya a saber usted por qué, concita tanto entusiasmo en Europa y en Australia, debía haberse celebrado en Kiev, pero por evitar una de esas respuestas que con seguridad habría recibido, se trasladó a Liverpool, donde las bombas de Putin no llegan, y no por falta de ganas, pero también, y principalmente, porque la desventurada Ucrania no está para festivales con tanta muerte, tanta ruina y tantas lágrimas como la devoran. Se celebró, pues, en Reino Unido, en Liverpool, y si bien así se consiguió que la miserable guerra de invasión no acallara la música, o lo que sea eso que suena en Eurovisión, no se logró que las personas sensibles y conscientes recuperaran en algo su fe en la humanidad: Israel también bombardeaba Gaza a esas horas, pero su canción era alegre y masivamente votada como si con ella no fuera la cosa. Se podría argüir que ni el conjunto de los israelíes, ni la intérprete de la canción, ni la canción misma, tienen culpa de las bombas con que el gobierno ultra de Netanyahu revienta a los palestinos de Gaza, sus casas, sus tiendas, sus hospitales, sus niños, y es verdad. Los israelíes, sólo aquellos que eligieron con sus votos ese gobierno, mientras que la cantante y su canción, ninguna culpa, pero existen los actos simbólicos, tan elocuentes, y uno de ellos podría haber sido, debería haber sido, el de no entregar ni un voto a Israel, que, por cierto, si alguna vez pintó algo en el Festival de Eurovisión, debería dejar de hacerlo si continúa bombardeando ciudades, invadiendo territorios y violando las treguas que detienen momentáneamente el horror, como la que se estableció en vísperas del Festival gracias a la mediación de Egipto. Tú cantas, yo te bombardeo. En Palestina, en Gaza, ni siquiera por cantar, pues a esa gente se le ahogan las canciones, desde hace mucho, en la garganta.

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