justicia y tribunales

22 años de cárcel para un tinerfeño que abusó sexualmente de tres nietas

"Ordenaba que se lavara para que no quedara lesión alguna que pudiera alertar a terceros"
Piden 25 años de cárcel para el hombre que asesinó a su expareja en el centro de Santa Cruz de Tenerife
Palacio de Justicia de Santa Cruz de Tenerife, sede de la Audiencia Provincial. / SERGIO MÉNDEZ

La Audiencia Provincial de Santa Cruz de Tenerife ha condenado a 22 años de cárcel a un hombre por abusar sexualmente de tres de sus nietas, que en el momento de los hechos tenían 13 años, dos de ellas, y 16 otra.

Al procesado se le ha impuesto también el pago de una responsabilidad civil de 10.000 euros, una orden de alejamiento de las niñas de 500 metros durante 10 años y permanecer otros 16 en libertad vigilada.

Los hechos se iniciaron cuando uno de sus hijos se separó de su pareja y empieza a residir con sus padres en una finca familiar en el municipio de Candelaria.

Así, según se detalla en el fallo, el acusado se aprovechaba de que tanto su hijo como su esposa abandonaban la casa para ir a trabajar y de que la niña dormía fines de semana alternos en la vivienda para cometer actos de violencia sexual contra la menor.

El condenado, según la sentencia, “ordenaba siempre a la menor que se lavara la zona genital para que no quedara rojez o lesión alguna que pudiera alertar a terceros de su comportamiento”.

El hombre también cometía los hechos en su propio coche, en la ducha de su casa y en un cuarto donde guardaba aparejos de pesca en Santa Cruz de Tenerife.

Para evitar que la menor contara lo que ocurría le decía que no dijera nada porque podría “meter a abuelo en un problema muy grande” y acto seguido le ofrecía dinero o regalos.

Los abusos a esta nieta cesaron cuando su hijo mayor también empezó a residir en la vivienda tras romper su relación sentimental.

Misma mecánica con otra nieta

A continuación repitió la misma mecánica con otra nieta y en este caso volvía a aprovecharse de los momentos a solas con la menor y, al igual que con la primera, le decía que no podía contar nada “porque era un secreto” y le ofrecía un teléfono móvil o dinero cuando la menor se negaba hasta que lograba imponerse.

Una vez cesaron los abusos, las dos nietas se contaron entre ellas que habían sido víctimas de los actos de su abuelo, si bien no se atrevieron a contarlo a sus padres o a terceros “por el temor a las consecuencias que ello pudiera tener para la paz familiar y para la salud y estabilidad tanto de sus padres como de sus abuelos paternos”, según se indica en el fallo.

Ante el inminente nacimiento de la hermana de una de las nietas, fruto de la nueva relación sentimental del hijo del procesado, una de las niñas agredidas comunicó los hechos a su padre, que interpuso una denuncia ante la Guardia Civil.

Entonces, la hija de la pareja sentimental de la hija del condenado, y por lo tanto nietastra también, comunicó a su padre que había sufrido abusos sexuales durante algunos fines de semana que pasaba en la casa, debajo del agua en la playa, en su propia vivienda familiar con motivo de alguna visita y también en la caseta de pesca.

La sentencia ha sido recurrida ya ante la Sala de lo Penal de Tribunal Superior de Justicia de Canarias (TSJC).

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