tribuna

Premios de la Academia

Viernes 1 de marzo. El Tribunal Supremo hace suyas las tesis del juez García Castellón, se hace público un pinchazo de la Guardia Civil en el que Koldo nombra a alguien del PP, las cosas siguen como estaban en ese febrero de cumpleaños cuatrienal, y yo mismo siento en mis cervicales el cambio de clima. Por fin llegó el invierno. La tele se vuelve a llenar de inundaciones y nevadas, en un mundo de alarmas que juega a la yenka con la sequía y con las lluvias de forma intermitente: ahora sí, ahora no, con esta niña me caso yo. El mundo se ha vuelto loco, con varias guerras cerca y la amenaza de un cambio de ciclo en lo referente a las ideologías políticas. Para unos vienen los buenos a relevar a los malos, y al revés, según se mire. Ya se sospecha de todo. Hasta de la imparcialidad de los jueces, y esto se hace en función del lado desde el que se mire. Los hay malos y buenos, en un ambiente en donde los mediopensionistas parece que han dejado de existir. En el clamor de este maremágnum tumultuoso, anoche fui a la Academia de Bellas Artes de San Miguel Arcángel para asistir al acto de entrega de los premios Excellens y Magister. El Magister, destinado a mayores de 75 años, se lo dieron a mi hermano José Luis. El otro, dedicado a jóvenes promesas, a Luna Bengoechea, con lo que se demuestra que el arte es una carrera de fondo. Esto me hace pensar en lo que habría sido capaz de hacer Mozart si hubiera llegado a la edad de los Magister.
En fin, solo son pensamientos perversos que me vienen a la cabeza después de escuchar el Gaudeamus, que, entre otras cosas, viene a decir: post iucundam iuventutem, post molestam senectutem. Pues eso. Habló Fernando Castro Borrego y yo me vi trasladado a los años de mi juventud, cuando frecuentaba a Eduardo Westerdahl y Manolo Millares, de los que se comentó sobradamente. El arte da para mucho y de una placa de aluminio se pueden extraer conclusiones cercanas a ese mundo de la industria, que parecen más próximas al futurismo de Marinetti que al surrealismo de Bretón, cuando se pone en pie un diseño de Pininfarina frente a La Victoria de Samotracia. El arte tiene estos esfuerzos por ser actual, pensando que le influyen los avances tecnológicos cuando es al revés. Me quedo con el análisis que hizo mi amiga, la matemática Capi Corrales, sobre el Picasso cubista, cuando observaba, con una amiga experta en arte, al “Hombre con clarinete”, adelanto de la propuesta contemporánea del concepto de plano tangente. Esto lo entiendo. Más trabajo me cuesta emparentar la propuesta visual de Luna Bengoechea con las manifestaciones de agricultores, con sus tractores bloqueando los accesos de algunas ciudades europeas. No me hagan mucho caso. No estoy al día. Sigo anclado en la Bauhaus, que recordó Fernando Castro, con Van der Rohe, Van Doesburg, Van T’Ongerloo, Gropius, Mondrian o Kandinsky. Vi algunas fotografías de plátanos, fresas y otras frutas, tal como lucen en los lineales de los supermercados, y esto me recordó una exposición que hizo Ramón Riera en el Taita de Barcelona en los años 60. Riera era fotógrafo publicitario y decidió trasladar su temática artística a unos bodegones plastificados con temas de platos combinados. El procedimiento no funcionó y hubo que descolgar los cuadros debido a que unos huevos fritos con salchichas empezaban a dar mal olor, iniciando una pudrición no prevista. Esto me hizo pensar que el principal componente de las vanguardias es la experimentación, y así se corre el riesgo de que algunos ensayos no salgan bien. Por eso, el arte efímero no existe como tal, ni siquiera para expresar la idea del momento ni ser reflejo de una ideología perecedera. Por lo demás, asistí a un acto interesante, para medirle el pulso al tiempo en que vivo, haciendo un aparte en la insensatez que me rodea. Saludé a Ildefonso Aguilar, al que hace tiempo que no veía y me traslado al pasado, a César, a Manolo, a Martín, y a tantos que ya se fueron por los que nos empeñamos en mantener el recuerdo. La vida es así. Relevo permanente contra el que se revuelve la memoria. A veces pienso en que Juanito Cruz es necesario para contárnoslo.

TE PUEDE INTERESAR