por qué no me callo

El gobierno de Sánchez, el gobierno de Illa

Cada hoja que se ha movido desde que el 23J deparó la investidura de Sánchez ha desatado especulaciones sobre la gobernabilidad de España. Las elecciones catalanes del domingo no van a ser menos. Sánchez seguirá haciendo funambulismo, en ocasiones tendrá la sartén por el mango, habrá trances de alta tensión, pero algo indica que ha cogido fuerzas para afrontar las europeas, en las que se decide todo.


La palabra victoria asociada al PSOE, una victoria holgada y en Cataluña, la madre de todas las batallas en la comunidad que polariza la política española, es una cura de humildad para las demás fuerzas políticas. El PP crece en escaños, pero no es, a priori, relevante y libra un pulso más doméstico con Vox. Las dos ultimas citas, País Vasco y Cataluña, son los huesos del frente conservador. Nada grave si fueran dos regiones menores por PIB y población, pero hoy son dos puestos de peajes clave si se quiere gobernar España, que es el país de los hechos diferenciales. Se desprende del resultado que el PSOE acertó en la receta de cataplasmas para Cataluña frente al azadón de sepulturero de los partidos de derecha.


La gobernabilidad del Estado, decíamos. En efecto, está en juego. En cada mojón electoral de este año, en Galicia, en Euskadi y ahora en Cataluña, no se ha dudado en sacar la vara de medir esa correlación con la continuidad de Sánchez en la Moncloa. Porque Feijóo se siente como un opositor que dejó su confortable arcadia en el bonsai atlántico, como lo llamaba Manuel Rivas, y vive soñando que perdió el poder en una mala noche de coros fucsias en el balcón de Génova.


Pero ahora se discute lo inmediato. ¿Quién va a gobernar Cataluña? Después de las europeas, se verá cómo queda la mesa de Parlament que domina el PSC bajo riesgo de bloqueo (fecha límite: el 12 de octubre) y hasta de nuevas elecciones si ERC no se aviene a apoyar a Illa dentro o fuera del Gobierno junto a Comuns Sumar. El republicano dimitió ayer por el batacazo. Se equivocó con el adelanto electoral y Junqueras retomará las riendas en cuanto quede rehabilitado.


Parece remoto que Illa y Puigdemont, con votos suficientes entre ambos, lleguen a acuerdo alguno, como se hace cuesta arriba la fórmula del de Junts desde Argelers para gobernar con ERC mediante la abstención socialista como precio por sus arreglos en Madrid. El procés ha salido derrotado, los partidos soberanistas están en las antípodas entre sí por sus cuitas más recientes y, lo que es determinante, Junqueras (que pasó años en la cárcel y atesora el único patrimonio político con porvenir en el nacionalismo catalán) no parece muy ilusionado con la idea de regalar a Puigdemont (un exilio de rositas en Waterloo) el poder y el revival de Tarradellas en el 77.


Claro que hablamos de Cataluña (de la conllevanza de Ortega y Gasset) y de España, de la Generalitat y de la Moncloa. La doble gobernabilidad, todo eso que define la clase de país que somos y de los gobernantes que tenemos. Si el resultado de este baremo es Sánchez en Madrid y Salvador Illa en Cataluña, estaríamos ante un escenario insospechado hace menos de un año, cuando las encuestas daban la bienvenida a una coalición de derechas y liquidaban el sanchismo en España.


¿Estamos a las puertas del adiós de Puigdemont? Así sería a juzgar por las dificultades para su regreso a la Generalitat. Solo la abdicación de ERC, descabezada, pactando con Junts o la reedición electoral evitarían lo que el expresident fugado se deseó a sí mismo: si no era investido, dejaba la política. Aragonès lo plagió. Y estaríamos hablando de un ciudadano haciendo planes de vida gracias a la amnistía que se aprobará este mes.


Europa presta atención al resultado de las elecciones catalanas y hace lecturas en vísperas de los comicios del 9 de junio. Ya no es ¡viva la derecha y la ultraderecha! la única melodía que se escucha en las urnas de España, como parecía inevitable el 23J. Y Europa puede recobrar las esperanzas de que haya más cataluñas dentro de un mes en el continente.
Sánchez comienza a recordarnos a Macron, el estadista vilipendiado que, a la postre, se hace merecedor al respeto general. La política no ha sido tan mezquina como para reducirse a xenofobia, ETA y procés. Había otras llaves maestras. Podrá reafirmarse Feijóo en las bondades de su cruzada anticatalana para ganar 12 escaños, pese a que heredó la bancada completa de la difunta Cs, pero no habrá un solo analista que no admita que Sánchez se ha llevado el rabo y las dos orejas en esta corrida de toros (paradojas del arte de matar en horas bajas).


El indulto a los dirigentes del 1-O y la amnistía vuelven al centro, ya no tanto del debate, como del relato. A Illa (ileso de los efectos del caso Koldo de las mascarillas, dio la victoria por primera vez al PSC en votos y escaños) lo salvó Sánchez de las salpicaduras del fango con su carta y ganó porque antes hubo una pandemia y él fue el ministro de Sanidad. No hay mal que por bien no venga.


Ahora el procés, con los pies en la tierra, necesita pertrechar la amnistía; el PP quemará las naves para tratar de impedirlo. Hoy, el Senado vota en contra de la ley, que, salvo trampas del filibusterismo, retornará al Congreso, donde la fecha del sí definitivo es el próximo día 30 y lo más importante es el BOE del día siguiente. Este es el mes de la amnistía en la resaca catalana. Para que Puigdemont ponga fin a su evasión en el maletero de un todoterreno (él ha negado esta versión) y regrese a pasear por las Ramblas de Barcelona como un ciudadano libre, le falta conocer la bendición del Tribunal Supremo, que tiene un par de meses para suspender la orden de detención. Los flecos del culebrón pueden alargar la espera.


Acaso, entre tanto, esté gobernando Illa, cono hicieran Montilla y Maragall. Pero a Sánchez solo le valdrá, paradójicamente, la obstinación de Feijóo por que Puigdemont caiga en las redes de la justicia. Solo así durará la legislatura, entre los tira y afloja. Hasta que las prisas le entren al PP por intentar gobernar por la derecha con PNV y Junts y seguir abduciendo a Vox como a Ciudadanos.

TE PUEDE INTERESAR