El concejal del PP en Santa Cruz de Tenerife Carlos Tarife, al que los funcionarios del ayuntamiento denominan cariñosamente Ocurrencia-Man ha hecho realidad su sueño: sentarse en su silla-móvil junto a varios contenedores de basura en Los Gladiolos para vigilar que los vecinos depositen sus residuos en el lugar pertinente.
Quizá los ciudadanos, incluidos sus votantes, se pregunten si para eso el municipio no paga una eficiente plantilla de Policía Local o, incluso, si la empresa adjudicataria no podría hacer algún esfuerzo didáctico con los incívicos.
Anuncia Tarife que en su plan de salvar Santa Cruz aún tiene pendiente instalar su campamento en otros treinta puntos de basura. A este paso va camino de convertirse en el nuevo icono de la artista surrealista Ruth Francken, famosa por sus diseños de hombres-silla alrededor del mundo.
Mientras solo sea eso, el edil puede respirar tranquilo. Pero, como acabe igual que el protagonista del largometraje de animación El hombre y la silla, del director Dahee Jeong, se le complica la cosa. ¿No seré yo también una imagen dibujada por la mano de alguien? Con esta pregunta lapidaria acaba la película. Inquietante, ¿verdad?





