tribuna

Carmen Cólogan

Hoy he visto una exposición de Carmen Cólogan en el Cabrera Pinto, de La Laguna. Es una pintora con oficio y talento, dos condiciones necesarias y complementarias en la pintura. Muy bien presentada, como todas las organizadas por la consejería de Cultura. Hay un lenguaje muy interesante en su obra. Parece disperso y quizá lo es por etapas, pero consigue transmitir una unidad en la autoría que la hace inconfundible. En ocasiones, parece romper intencionadamente con una simetría. Lo cierto es que hay que intuirla porque está escondida de manera exquisita. Observo una excentricidad aparente obligada por un foco secreto que hay que descubrir. En ocasiones, está dentro del cuadro y, en otras, fuera de él. El misterio para el espectador es encontrar el punto de vista que eligió la autora. En pintura, como en literatura, no es conveniente contarlo todo. Siempre hay que dejar un telón sin levantar para que el espectador adivine lo que hay detrás. Las formas no son lo más importante. En un video, nos muestra las herramientas con las que trabaja: los pinceles y los pigmentos que usa para establecer su discurso cromático. Dejemos estos tecnicismos tópicos que sólo sirven para la exhibición inútil de la crítica. La exposición es espléndida. Me la esperaba así, pero la he contemplado con la sorpresa de superar mis expectativas. No es frecuente tropezarnos con algo tan cuidado y extraordinario. A veces, la tonalidad de las hojas de un árbol me recuerda el colorido del vestido de una Madona o el fondo oscuro del que surgen objetos inertes parece extraídos del tenebrismo de Ribera. Hay mucho estudio, mucho esfuerzo intelectual y mucho compromiso con la seriedad y el rigor en la obra de Carmen Cólogan. Se adivina mucho de la finura italiana, pero también de la austeridad española, oscura y luciente allí donde no hay posibilidades para el reflejo ni un auxiliar para hacer rebotar la luz. Es una exposición para hacernos reflexionar sobre nuestra presencia en el arte español.

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