tribuna

El padre Illa

Dice Iván Redondo, en su Situation room del lunes, que el padre Illa, junto al presidente, defiende una Cataluña implicada en proteger una España plural. De momento, la defensa consiste en pedir más dinero que los otros, asumiendo el argumento de que España les roba, que tanto éxito parece tener en el mundo de las barretinas. Lo llama el padre Illa porque tiene pinta de cura o para competir en el aspecto religioso con el padre Junqueras, del que se teme que vuelva a mandar en ERC porque le rompe la fiesta al otro. Entre padres anda la cosa.

Circula la foto de un paseíllo entre el padre Illa y Pedro Sánchez, como artífices de la nueva política socialista, planificada, según Redondo, desde la moción de censura de 2018. Es decir, que todo lo que ha ocurrido desde entonces estaba en la mente genial del estratega vasco, que es el que se arroga constantemente el diseño de esta magnífica operación a largo plazo. Lo que no sabemos es hasta dónde llegará el plazo.

La foto recuerda el juntos de la mano se les ve por el jardín, pero no es de espaldas, como la de Juan Carlos y Adolfo Suárez, que fue como una premonición del entierro de ambos.

Illa estaba previsto desde el principio de los tiempos. Mejor dicho, el padre Illa, sustituyendo al bailarín Iceta, que llenaba de alegría lujuriosa los mítines mientras éste los inunda de aburrimiento y de meditaciones del Kempis. Sánchez e Iceta representaban el desequilibrio de los quince céntimos.

Esta actual pareja, disfrazada de místicos, parece más equilibrada en lo que a altura se refiere. El padre Illa, como todos los padres, nos pedirá dinero para arreglar el techo de la iglesia, pero nos lo dice desde el paternalismo insoportable de quien administra las cosas del cielo. Si lo hace es por nuestro bien, desde esa superioridad catalana, siempre dispuesta a enseñarnos a los demás a hacer buenos negocios y a no dejarnos engañar.

El PSOE ha dejado de apoyarse en los listillos del sur, esa Andalucía a la que se acusaba de festiva y pilla, aprovechándose del trabajo y el esfuerzo de los del norte, por los listos del nordeste que vienen a llevárselo todo para rescatarnos. En esto, los padres se han comportado siempre de la misma manera, vendiéndonos parcelas en el cielo a cambio de nuestro dinero. Para los padres, el dinero no vale nada. Si quieres ganar la gloria, despréndete de todo lo que tengas y sígueme. En el fondo, el padre Illa quiere colaborar a que seamos mejores.

El padre Illa y el padre Sánchez se pasean por el jardín pensando en llevarnos de la mano a un mundo diferente en el que todos seamos asimétricamente iguales. Como en los buenos matrimonios que funcionan: lo tuyo es mío y lo mío es mío. Es la solidaridad generosa que el resto no alcanzamos a entender. Tú me das y yo colaboro a construir lo plural, donde cada uno tendrá lo que le dejen tener en un país en el que unos serán más iguales que otros. Como en el cielo, que por encima de los santos del mogollón, están los padres de la iglesia, los tronos, las dominaciones, los ángeles, los arcángeles y los querubines.

Esta es la doctrina del padre Illa y de su compañero de paseo, o al revés, que ya no se sabe. El refugio actual de ambos se llama Cataluña, mientras dure. Antes era el Betis, manque pierda. Por eso, se han vestido de curas y se fotografían solos, todavía bajo la sombra amenazante de Puigdemont, que hace de una mezcla de fray Girona y Juana de Arco. Como decía el padre Marcos pidiendo dinero desde el púlpito de San Agustín: “Los padres se van, pero ahí os queda el sagrario como una joya de la iglesia”. Quién le iba a decir que, a los pocos años, la iglesia ardería y, después de pasados 60 años, casi los mismos que Fidel lleva en Cuba, no se ha hecho nada por reconstruirla. Esto es lo que hay, don Leoncio.