tribuna

El mundo en que vivimos

La expresión más clara del relevo generacional está en la revolución digital. De esa si que no hay retorno. Los que perdimos el carro de ejercitarnos en esas técnicas no tenemos oportunidad ni tiempo para adaptarnos. Loro viejo no aprende idiomas. Este ejemplo nos sirve para demostrar que en todo ocurre igual, que lo que considerábamos como fundamental ya no nos sirve, que ahora hay otro lenguaje y otras formas. Podemos saber el fundamento matemático de las nuevas tecnologías, pero carecemos del entrenamiento suficiente para convertirlo en uno de nuestros apéndices manuales. Nos conformamos diciendo que servimos para otras cosas mientras en las nuevas nos consideramos inválidos. El psicólogo nos dice que no debemos desesperarnos por eso, que intentemos ser felices con lo que tenemos, que, al fin y al cabo, la vida se vive una vez y debemos arreglarnos con lo que tenemos, que no pretendamos abarcarlo todo. Sin embargo, una sensación de carencia nos deprime haciéndonos sentir inservibles. Este es el gran abismo que nos separa. Luego nos defendemos pensando en que somos más libres, que nuestra inteligencia es más poderosa que el mundo artificial que estamos creando, y nos adentramos en un ambiente de confusión por no comprender dónde nos encontramos realmente.

En lo político nos sucede igual: creemos en cosas que empiezan a ser obsoletas cuando pensábamos que eran inamovibles. Consideramos que abandonar los viejos sistemas es una traición a unas convicciones morales que creíamos sólidamente consolidadas. Ahora existe una nueva interpretación del maquiavelismo, que considera a la utilidad como la principal justificación de nuestras decisiones, aunque repugnen a lo que hasta hace poco provenía de la rectitud de nuestro comportamiento. ¿Será verdad que lo que nos pasa es consecuencia de una inadaptación a los nuevos tiempos? ¿Qué tiempos son esos donde todo vale y se desmoronan los esquemas tradicionales? Margarita Yourcenar decía que el tiempo de Adriano era un tiempo sin dioses. ¿Es cierto que vivir sin dioses nos provoca una cierta desorientación? Quizá todo esto que digo y escribo solo sea una reacción a mi incapacidad para responder con agilidad a las necesidades del nuevo lenguaje digital. Observo a mi alrededor y veo a la gente más joven ejerciendo y exigiendo principios de bondad que nos siguen siendo comunes. La humanidad continúa con su camino evolutivo sin que se alteren las armonías y los equilibrios que la ligan a su condición universal. Somos producto de la creación y estamos sometidos a sus reglas. Quizá el desgaste provenga de un desfase temporal que no sabemos cuándo ocurrió. Un día paramos el reloj cuando los demás relojes seguían en marcha; entramos en un letargo y, cuando nos despertamos, las cosas habían avanzado de tal forma que ya no las podíamos alcanzar. Unos pocos se habían escapado dejándonos abandonados en la soledad de la incomprensión. Menos mal que nos quedaban otras dedicaciones, como la literatura, para seguir confiando en la existencia. Menos mal que no todo estaba perdido. Todavía podíamos volver a ofrecer el corazón.