Si el PP cree que, con Ayuso señalando con el dedo, no como la Pantoja, que lo levanta como la ley divina, sino esgrimiéndolo como un estilete mientras dice p’alante y llama estalinista a la oposición, va a conseguir algo positivo, está equivocado. Si piensa que dando voz a un idiota que propone presentar una querella falsa en una reunión de domingo por la mañana, antes de ir a misa, va a aglutinar a los que se oponen al sanchismo, va dado, porque así el sanchismo tiene vida para rato. Hay muchas personas en el centroizquierda español, que es donde siempre se ha refugiado la mayoría, que no están de acuerdo con una cosa ni con la otra. Ayuso no tiene lugar en este espectro, y el tonto de las querellas de urgencia tampoco. No quiero imaginarme cómo se desarrolló ese Comité que decidió presentarla, ni de qué forma Gamarra se prestó a semejante estupidez, añadiendo seriedad y solemnidad a su comunicación. No dio la cara y debería pedir perdón. No sé a quién, pero pedir perdón. El PP es una jaula de grillos desorganizada. Sufre la presión tanto por su izquierda, con un PSOE dispuesto a laminarlo mientras le acusa de falta de colaboración, como por su derecha, con Abascal empujando y presumiendo de sus pactos con la ultraderecha europea. A Feijóo le están haciendo un traje entre todos y obligándolo a pasar por inútil y subnormal, desde dentro y desde fuera de su partido. Todo ello debido a las intrigas de quienes pretenden sustituirlo y a las ocurrencias estúpidas de sus cargos, que, aparte de poner cara de tontos, lo son. Esto en el PSOE no pasa, y cualquier sospecha de disidencia está perfectamente controlada, incluyendo a García Page, que si actúa así es porque conviene. La estrategia jurídica del PP se ha venido al suelo y ya no hay quien crea en ella.
Lo mismo pasa con su imagen de moderación, que se estrella contra las manifestaciones de chulería que parecen ser recibidas con aplausos por los seguidores fanáticos: esos que jalean dale caña para sentirse satisfechos. Nadie repara en que en esta lucha por conquistar el centro están perdiendo la partida. El PSOE se había visto circunstancialmente desplazado de esta posición de ventaja por resultarle imprescindible pactar con el que lo hace, pero el PP no tenía necesidad ninguna de abandonar la política de buen criterio y arrojarse desesperadamente al caos y a la improvisación, perdiendo el espacio que en política vale oro y es deseado por todos. Pese a las modernidades, la batalla política se sigue celebrando en los mismos campos, que es conquistar los puestos centrales del espectro sociológico que señala la campana de Gauss, que sitúa a la extrema izquierda en el cero, a la ultraderecha en el diez y al centro en los cuatro, cinco y seis. De aquí se aleja por culpa de Ayuso y unos cuantos tontos anónimos que debería quitarse de encima. Mientras esto siga así, no habrá alternativa de cambio en España, y mantener viva una alternativa de cambio es mantener también a la democracia.
