Maquiavelo no escribió El príncipe para que lo leyera la gente de a pie sino para que fuera la guía de su señorito, Lorenzo de Médicis. Empeñarse en que la masa entienda los trucos que se emplean para gobernarla es un error. Publicitar estas técnicas es equivalente a justificar el engaño, confiando en que el pueblo entienda que esto se hace por su bien y no por el bien del gobernante. En las relaciones personales el mentiroso acaba por perder la confianza definitivamente, lo cual le incapacita para realizar cualquier negocio en donde se exija la fiabilidad.
Se miente como mal menor, siempre asegurando que el beneficio que se obtiene con ello es superior a la falta cometida, que merece la pena, pero esto está dirigido a los que sienten una satisfacción directa por los triunfos conseguidos a través del fraude: a los demás les trae sin cuidado ese argumento. Andar popularizando a Maquiavelo es jugar con las cartas boca arriba y esto, en política, es un error, porque la sinceridad y la transparencia siempre pasan por el filtro de la conveniencia. ¡Qué nadie crea en estas cosas! son pura ficción. No se puede decir te miento por tu bien. Es lo mismo que quien bien te quiere te hará llorar. Nunca te hará llorar el que te quiere bien, como tampoco es cierto eso de que la letra con sangre entra. Cuando la letra entra con sangre se están cerrando los caminos a la lógica y a la comprensión y solo se abren las puertas a una sociedad de sufrimiento, a un sistema masoquista donde consiguen el éxito los que se someten al sacrificio de su libertad para ponerla en manos de otros. No, Maquiavelo no sirve para los manuales populares, porque sus métodos inconfesables solo se emplean para dar consejos al oído de quienes están dispuestos a entregar sus convicciones morales a la satisfacción de sus ambiciones de poder.
Otro concepto tan relativo como el maquiavelismo es el cerrar filas. ¿Cerrar filas en torno a qué o a quién? Me recuerda a un canto fascista en donde las filas se apretaban, recias y marciales, para que nada ni nadie pudiera escaparse de ellas. Cerrar filas es blindar el coto que vive alrededor de los beneficios y se los reparte. No es algo participativo ni universal. Al contrario, representa a lo local en el núcleo más elemental e indivisible; la unidad mínima de lo que se puede ser, cuando llamas a Tigelino para que te proteja la guardia pretoriana. Cerrar filas es síntoma de que se va a iniciar una defensa numantina. Es una llamada heroica y desesperada frente a un acoso insoportable. En este caso Maquiavelo no tiene nada que decir, porque Maquiavelo es un consejero secreto que te proporciona patente de corso para hacer aquello que, solo con tu conciencia, no te atreves a hacer, y además no estarías dispuesto a confesar o a compartir, porque todo el mundo estaría en condiciones de descubrir la falsedad de tu propuesta. A veces me deprimo. Es un estado de nuestro organismo que se caracteriza por el hastío y por la desidia, nunca porque nuestra inteligencia deje de funcionar adecuadamente.
Hay muchos idiotas que no se deprimen nunca, y, por el contrario, hay muchos sabios que no acaban de encontrar la serenidad. Maquiavelo no sirve para gente así; antes bien, es un baldón si se quieren mantener los escrúpulos en un buen estado de salud. Maquiavelo no es un síntoma de normalidad. Cerrar filas tampoco. Solo se produce en una situación de emergencia, cuando saltan todas las alarmas y no se puede poner en marcha otro operativo para contenerlas.
