Giuv y Abdoulie son dos alumnos que realizan su formación en el IES La Guancha-Jerónimo Morales Barroso. Uno es de Gambia y el otro de Senegal, pero actualmente viven en el Norte de la Isla tras llegar a Canarias en patera y superar todo tipo de dificultades, como la mayoría de los menores migrantes no acompañados.
Se incorporaron al centro educativo el pasado año y actualmente están en el segundo curso de la Formación Profesional Básica en Servicios Administrativos que los prepara para trabajar en cualquier pequeña y mediana empresa.
Pese a sus buenos resultados académicos y a haberse integrado con el resto de chicos y chicas, ambos tendrán que interrumpir sus estudios el 20 de noviembre, fecha en la que alcanzan la mayoría de edad, y deben abandonar el piso tutelado en el que se encuentran, “sin ningún tipo de alternativa habitacional ni vital”, lamenta el director del centro, Rubén Gallo. No son los únicos, hay otros seis estudiantes en la misma situación pero desde el centro quieren intentar solucionar estos dos casos que son los más urgentes.
“Entraron con muchas ganas de trabajar, agradecidos y colaborando para afrontar las barreras idiomáticas y personales que tienen”, cuenta Gallo. Además, “ambos conviven con el resto del alumnado en armonía, se esfuerzan en su formación y participan activamente de la organización docente y no docente del centro”, añade.
Recalca que ambos han promocionado a segundo curso por méritos propios “y por eso nos planteamos que siguieran su camino educativo haciendo las prácticas en empresas para que en junio del próximo año obtuvieran su titulación con todas las garantías, como el resto de los estudiantes”, añade.
Por eso la semana pasada el equipo directivo “se llevó un jarro de agua fría” cuando la directora del centro en el que viven ambos menores le informó de la situación.
Desde entonces, la comunidad educativa intenta buscar una solución “sin saber muy bien ni dónde ir ni cómo actuar porque nadie tiene culpa de nada y tampoco está dentro de nuestras competencias, pero se van a quedar en la calle y eso duele”, lamenta Gallo.
Añade que uno de ellos todavía está pendiente del visado, un trámite que tarda unos meses. “Si tuvieran permiso de trabajo estaríamos buscándole algo porque ellos han dicho que están dispuestos a trabajar en lo que sea para poder terminar sus estudios”, apunta.
“¿Para qué me he puesto a estudiar? ¿Para qué ha servido si ahora no puedo terminar?”, le preguntaban a su tutora al enterarse que su futuro académico era incierto. “La respuesta es difícil de dar”, confiesa el director. No son el único centro de Canarias que se enfrenta a esta realidad, son muchos más los que matriculan a chicos de 16 años dándoles una posibilidad formativa sabiendo que quizás no la podrán terminar.
El equipo directivo ha contactado con el Ayuntamiento, la Cruz Roja y otras ONGs para que les ayuden a encontrar alternativas para que Giuv y Abdoulie puedan finalizar sus estudios. Al mismo tiempo preparan un ‘plan B’ en caso que no puedan asumir ninguna responsabilidad con estos dos menores. “No descartamos hacer un fondo común en el claustro y con buena fe conseguir dinero para ayudarles a pagar un alquiler hasta que culmine el curso. No vemos ninguna otra solución real”, sostiene.
Gallo es consciente del desafío social al que se enfrenta el IES La Guancha y también, que desde su responsabilidad institucional, “debemos tratar de dar respuesta a las necesidades y particularidades de nuestro alumnado en general y de este caso en particular. Solo así, el esfuerzo de ambos jóvenes y el de sus profesores, habrán valido la pena”, asegura.





