tribuna

Gana Trump

La noticia es que Trump ha ganado las elecciones. Las bolsas han reaccionado positivamente, pero, ya se sabe, las bolsas son las bolsas y el dinero lo inventó el demonio. Trump no cree demasiado en el cambio climático, o al menos no cree en que la unanimidad de la comunidad científica coincida en que es responsabilidad exclusiva de los hombres. Tampoco cree en que las guerras sean inevitables. Todas estas cosas ya habían ensombrecido las expectativas electorales de los progresistas europeos, por lo que era normal que también lo hiciera en EEUU. Hay quien dice que Trump influye en Europa, pero yo pienso que existe un flujo entre ambas zonas del mundo que conforman eso que entendemos por Occidente. Fueron pensadores europeos los que sentaron las bases de la democracia liberal en América y, luego, los hechos implantados en la política de aquel país influyeron en la Revolución Francesa. Estas interrelaciones han seguido existiendo, después de las dos guerras del siglo XX, del plan Marshall, de los intentos del eurodólar y del Desafío Americano, de Jean Jacques Servant Schreiber. Este trasvase de flujos se ve incrementado por la existencia de medios digitales que potencian esos intercambios sociológicos mutuos. Lo que tiene lugar en EEUU repercute en Europa, y al revés. Las técnicas de George Lakoff son aplicadas por partidos progresistas y conservadores, igual que la mentira, de la que se acusan todos, está implantada de forma genérica, sin que haya posibilidad de hacer distinción de ella por ser característica de una ideología determinada. Pongamos que Trump ha ganado las elecciones y esto supone un gran revés para las izquierdas de todo el mundo. Esto es debido a que las izquierdas habían planteado la superación de su amenaza como un objetivo primordial, incluso equiparándolo con las fuerzas opositoras con que cuentan en sus respectivos países. Yo no me atrevería a decir que Atila vuelve a cabalgar sobre la vieja Europa y esto suponga despedirnos de las estructuras democráticas de las que disponíamos hasta ahora. La política es el arte de lo posible y, sobre todo, de adaptarse a las circunstancias cuando el viento no sopla en la dirección que deseamos. Hasta ahora, pertenecíamos al sector que defendía, mal que bien, un concepto democrático cada vez más devaluado. Quiero decir que nos alineábamos con aquellos que apoyaban ese sistema común. Nuestra política internacional no debe caer en esas posturas que nos llevan al aislacionismo. Recuerdo a Zapatero sentado frente al paso de la bandera de Busch. Luego vino Obama, lo de la conjunción planetaria y esas cosas. Por favor, no volvamos a lo mismo.

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