tribuna

1492, un año irrepetible

Aprovechemos el advenimiento del nuevo año para hacer un sencillo viaje en el tiempo. Desposeámonos de las actuales ideologías revisionistas, teorías de la cancelación e intentos de imponer el pensamiento único. Remontémonos 533 años atrás, con aquellos valores. No ha existido en la humanidad un año en el que se condensen tantos acontecimientos importantes y con trascendencia para la historia posterior como 1492. La cronología sería la siguiente. La Reconquista, iniciada en el 722 con la Batalla de Covadonga y concluida en Granada el 2 de enero de 1492, pacifica la Península Ibérica. Expulsados los musulmanes poco tiempo después, el 31 de marzo de 1492, se firma por los Reyes Católicos el Edicto de Granada, por el que se expulsa a los judíos. Ya sólo se podía ser católico en los reinos hispanos y sus territorios de ultramar. Con la incipiente nación pacificada, Isabel y Fernando tuvieron tiempo para escuchar la propuesta de un marino ambicioso y locuaz, llamado Cristóbal Colón. Convencidos por el planteamiento, el 17 de abril de 1492 se firman las Capitulaciones de Santa Fe, donde se pacta el reparto anticipado de las resultas de la expedición que pretendía llegar a oriente por el occidente. La Corona accedía a financiar un viaje en busca de una desconocida nueva ruta hacia Asia y sus riquezas, fundamentalmente especias y oro. Pero la apoteosis en lo religioso llega el 11 agosto de 1492, cuando es elegido como el 214º papa de Roma el español Rodrigo Lanzal y de Borja (1431-1503). El valenciano pontificó con el nombre de Alejandro VI. Por su parte, el 18 de agosto de 1492, el sevillano Antonio de Nebrija (1444-1522), uno de los hombres más cultos de su tiempo, publica la primera gramática de la lengua española. Nunca antes un idioma europeo vulgar o derivado del latín había tenido un código metodológico que permitiera su enseñanza y divulgación. Esa sería la semilla que facilitaría la expansión del castellano hasta el punto de ser hoy en día el segundo idioma materno más hablado del planeta, con aproximadamente 550 millones de hispanohablantes. Al poco tiempo, llega a Europa la noticia del Descubrimiento. El 12 de octubre de 1492 es una de las fechas más importantes de la historia de la humanidad, que ya no volvería a ser la misma. El razonamiento de la época estaba claro: el mundo pertenece al Creador y el hijo de Dios en la Tierra es Jesucristo. Si el representante de Cristo en el planeta es el papa de Roma, hay que estar a lo que éste diga. Por lo tanto, si las Bulas Alejandrinas parten el globo terráqueo por el medio, dándole un hemisferio a Portugal y otro a España, ahí se justifica el derecho a la conquista del orbe sin ningún género a dudas sobre su legitimación. Esa era la mentalidad del momento. Delimitado territorialmente el mundo, imbuidos por el espíritu vencedor de los que habían luchado durante casi ocho siglos, reafirmada su fe católica, con determinación y sintiéndose legitimados; con una potente organización administrativa en todos los órdenes: tributario, ejecutivo, legislativo, militar y religioso, y con la lengua española como gran ariete. Jamás tan pocos tuvieron tanta influencia sobre tantos seres humanos y territorios que ocupan un tercio de las tierras emergidas del planeta. Volvamos de nuestro viaje por el pasado. Detengamos la máquina del tiempo en el momento presente, en el que estemos leyendo estas líneas. Miremos a nuestro alrededor y analicemos en lo que nos hemos convertido… Pues eso.

*Abogado e historiador