El único futuro posible de esta guerra es la ocupación militar israelí de Gaza, porque su retirada sería ocupada inmediatamente por Hamás, y vuelta a empezar. Al tiempo de su salida, en toda Gaza se reproducirá Hamás a partir de miles de palestinos dispuestos a la tarea. Y Egipto y Jordania ya han dejado claro que no los quieren en su territorio, por algo será. Mientras tanto, la inimaginable novedad de esta guerra es que el Gobierno de Israel parece haber abandonado a su suerte a los rehenes que permanecen secuestrados. Se rompe así la tradición de que los israelíes nunca abandonan a su gente, aunque el precio del rescate sea desproporcionado; y se constata un importante error de cálculo de sus enemigos, que están exigiendo una contrapartida inasumible. Errores, falacias y coartadas de una diabólica guerra, que Israel ya ha perdido en términos de opinión pública.
Lo más incomprensible de la situación de los rehenes es por qué Israel no ha logrado liberarlos. Tengamos en cuenta que ha sido capaz de eliminar selectivamente a dirigentes de Hamás y Hizbulá incluso en suelo iraní. Y que, además, en los primeros tiempos de la guerra ya se produjo un primer intercambio que liberó a un grupo, en lo que parecía la primera de otras futuras liberaciones. De hecho, sólo ha podido liberar a cuatro, mientras, en un lamentable episodio de fuego amigo, abatió a tres que habían logrado escapar de sus captores. ¿Están los rehenes fuera de Gaza? Lo que parece seguro es que se encuentran distribuidos en pequeños grupos y que un número indeterminado ha fallecido ya. ¿Son tan onerosas las condiciones impuestas por Hamás que hacen imposible el intercambio? En definitiva, lo que demuestra la situación es que, después de tanto tiempo y tantos muertos, Israel no termina de controlar Gaza, lo que es su objetivo primordial y pone de manifiesto una importante quiebra de su legendaria eficacia militar.
El hundimiento del régimen sirio y la autodisolución de sus fuerzas armadas, que esconden sus uniformes y ocultan sus armas, todo ello en unos pocos días, nos recuerdan un hundimiento similar que hace años sufrió el régimen del Sha de Irán. Lo sucedido favorece en gran medida el despliegue militar geopolítico de Israel en la zona y reordena a su favor la situación de todos los actores en presencia. Amplía su control de los Altos del Golàn y prepara el asentamiento del doble de colonos; al mismo tiempo corta y controla la ruta de abastecimiento de Hisbulá y Hamás desde Irán, y fortalece la situación militar de su aliada Jordania. En cuanto a Siria, impide que el nuevo régimen sea controlado por los islamistas radicales y protege a las minorías cristianas y drusas, colaborando con Estados Unidos en la protección de los kurdos ante Turquía.
La guerra de Gaza es para Israel la vieja guerra de siempre, la guerra en la que se juega su mera existencia como Estado ante unos enemigos cuyo objetivo es arrojarlos al mar. Pero los tiempos de la aplastante superioridad han pasado, y la imagen de los niños palestinos masacrados mientras los adultos luchan y se juegan la vida por un paquete de ayuda humanitaria es una imagen invencible. De los rehenes sólo se acuerdan sus familiares.
