El amor empieza por uno mismo, resulta muy complicado amar al próximo si no somos capaces de empezar en primera persona. Esta consideración inicial me induce a sugerir, a costa de equivocarme, que la “solidaridad” por imposición es tiranía, máximo si en ello va la propia integridad personal o colectiva en aras de la aplicación de un supuesto derecho internacional, que no siempre es justo (¿sólo el “derecho internacional humanitario” era aplicable exclusivamente a Canarias, no había más alternativas?), porque lo que vale para unos no sirve para otros. No todos salen beneficiados. Lo acontecido a principios del presente mes de mayo en torno al episodio de emergencia sanitaria declarada por el brote de hantavirus (cepa andina, la más peligrosa, casi el 40% de mortalidad) en los pasajeros contagiados del crucero holandés MV Hondius tras su estancia en la Patagonia (Sudamérica) y su accidentada singladura hasta su atraque en el puerto de Granadilla por imposición de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del Gobierno de España sin tener en consideración leal y de reciprocidad con las autoridades de la Comunidad Autónoma de Canarias constituye un ejemplo palmario de cómo no debe hacerse las cosas, aunque el operativo de protección civil y sanitario “haya salido bien” como han expresado las principales partes protagonistas.
La información es poder para quien la consigue o la tiene, pero de nada sirve si no se la comparte o se usa responsablemente a su debido tiempo. Justo entrada la segunda semana de mayo circula oficialmente la noticia del crucero con enfermos o contagiados de hantavirus antes de partir de Cabo Verde hacia las Islas Canarias, concretamente, al sur de Tenerife, cuando los primeros casos se detectan a comienzos de abril en Sudáfrica, incluso con el resultado de fallecidos o enfermos en estado crítico.
Sin entrar en detalles sobre la crisis ocasionada por el crucero del hantavirus en las relaciones institucionales entre los gobiernos de España y de Canarias (Comunidad Autónoma), el atraque forzoso y por imposición en el Puerto de Granadilla de Tenerife sienta un precedente para futuros episodios de esta o cualquier otra naturaleza y abre la puerta, sin ánimo de ofender a nadie, a convertir a las Islas Canarias en un lazareto, incluso con el riesgo para su población y las ulteriores consecuencias económicas. No perdamos de vista que gran parte de los recursos económicos de la Islas Canarias provienen del turismo y que cualquier incidencia de tales proporciones con una publicidad negativa e interesada por potenciales competidores podrían representar la ruina.
Lo que no quieras para ti, no se lo impongas a los demás.
*Periodista en la reserva y escritor
