Julia Medina Mesa, vecina de Las Nuevitas, en el municipio de Hermigua, es con 107 años la mujer más longeva de La Gomera y casi con total seguridad de Canarias, tras el fallecimiento de dos mujeres de 110 y 109 en Tenerife y Gran Canaria en los dos últimos años.
El próximo 18 de febrero cumplirá 108 años, la misma edad con la que falleció en junio de 2023 Antonio Navarro, vecino de Valle Gran Rey, quien curiosamente fue novio de Julia cuando ambos vivían en La Dama, donde nacieron.
Julia Medina Mesa se trasladó a los 20 años a Hermigua y allí se casó con 22. Quedó viuda dos años más tarde, con dos hijas. La mayor, del mismo nombre, vive en la casa contigua del barrio de Las Nuevitas, en Valle Bajo de Hermigua, mientras la longeva madre lo hace con una cuidadora que todos los días la baña, la viste y le da de comer. Por la mañana, leche y gofio; a media mañana, un batido de papaya y naranja; en el almuerzo, un puré de verduras con carne o pescado; en la merienda, unas natillas con yogurt de gelatina y, para cenar, café con leche con un bollito o unas galletas. “Una comida que apenas varía desde hace años”, comenta su hija Julia, quien nos acompaña junto a Lucio, el segundo hijo más pequeño, fruto del segundo matrimonio.
Julia Medina Mesa se casó ocho años después de quedar viuda con Ángel Pineda Arzola, que ya tenía tres hijos. El matrimonio tuvo seis hijos más, pero dos murieron de niños. Se da la circunstancia de que la hija mayor de Julia y el hijo mayor de Ángel se casaron, lo que a los efectos era permitido a no ser hermanos sanguíneos, pero que, como recuerda Lucio Pineda Medina, de 72 años, “fue un jaleo enorme cuando fuimos al registro de la propiedad por la herencia”, recuerda. “Nosotros somos todos iguales, nos miramos igual”, algo normal porque “vivimos juntos mucho tiempo”. “Cuando me casé con mi marido en el pueblo todos me conocían por aquella que se casó con el hermano, mucha gente no lo entendía en Hermigua”, recuerda Julia.
La matriarca de los Padrón-Pineda-Medina, criada en esos valores de respeto, honradez, humildad y devoción por sus antecesores, ha sabido transmitir a sus hijos, nietos, biznietos y tataranietos -imposible saber el número exacto de estos- el verdadero sentido de la vida y la familia, siendo el centro de las atenciones de la familia en su hogar.
Una vida que comenzó en 1917, no exenta de dificultades, pero Julia, con su forma de ser y su carácter afable ha sabido capearlas centrando su energía y sus esfuerzos en construir un mejor futuro para su descendencia. Resumir 107 años de vivencias no es tarea fácil, pero lo más destacable es que la protagonista fue una de esas primeras mujeres que trabajó en la ya desaparecida factoría de pescado Lloret y Llinares de La Rajita, que ha visto todas las formas de Gobierno en un país, desde la monarquía, la República, las adversidades de una Guerra Civil y la posterior dictadura, todo ello sin desfallecer y sin perder la calidad humana que la distingue.
Cuando Julia Medina se trasladó a Hermigua tuvo que trabajar limpiando la fonda y trabajando en varias casas de los señores del pueblo para sacar a sus nueve hijos adelante -quedan cinco vivos-, unos hijos que le han dado una veintena de nietos, casi otros tantos bisnietos y media docena de tataranietos, “aunque igual se nos olvida alguna”, nos cuentan con ciertas dudas Julia y Lucio mientras sacan al exterior a su madre, quien ya apenas habla y escasamente puede oír.





