tribuna

Las connotaciones racistas de la voz “negrito”

Por Marcial Morera

Días atrás comenté a una amiga mía muy discreta que en cierto lugar de Canarias que acababa de visitar no había ya canarios, sino “peninsulares, italianos, chinos, colombianos y negritos”, a lo que ella me apeló de inmediato preguntando por qué hablaba de “negritos”, con determinación diminutiva, y no simple y llanamente de “negros”, como había hecho con los peninsulares, italianos, chinos y colombianos aludidos, dando a entender que lo que yo creía un mero comentario objetivo acerca de una realidad muy actual desprendía cierto tufillo racista. Y no cabe ninguna duda de que, analizando la semántica del término que nos ocupa de forma rigurosa, algo de racismo sí que hay en él. Para empezar, hay racismo en el comentario en cuestión por cuanto que, mientras que a la gente peninsular, europea, asiática y americana aludida se la denomina mediante gentilicios o nombres geográficos (“peninsulares”, “italianos”, “chinos” y “colombianos”), a la gente de origen africano se la denomina con nombre designativo de raza (“negro”). Lo imparcial hubiera sido que se hubiera optado ora por la solución gentilicia exclusivamente, y entonces tenía que haberse dicho “peninsulares, italianos, chinos, colombianos y subsaharianos”, ora por la solución racial exclusivamente, y entonces tenía que haberse dicho (apelando a una terminología tradicional ya anacrónica) “blancos, amarillos y negros”, o algo por el estilo. Sólo manteniendo la coherencia conceptual entre los distintos etnónimos hubiera podido evitarse la discriminación de una de las partes implicadas en la relación. Y, en segundo lugar, se encuentra cargado de connotaciones racistas el término “negrito” por el sufijo diminutivo que implica, que, como todo sufijo diminutivo, presenta la semántica de la base (en este caso, el término “negro”) en su perfección o llegando puntualmente al límite de la sustancia o de la cualidad que implica, significación invariante que, en este contexto en concreto, desarrolla un sentido, no objetivo o de empequeñecimiento físico, sino valorativo o axiológico. ¿Y en qué sentido valorativo o axiológico concreto se entiende el -ito de nuestro “negrito”? Obviamente, no en sentido valorativo o axiológico encomiástico o superlativo, sino en sentido valorativo o axiológico de compasión o conmiseración, probablemente para captar la benevolencia del aludido o implorar su perdón. El europeo suele ver a los subsaharianos con cierta compasión o conmiseración protectora por las calamidades (esclavitud, sobreexplotación, pobreza…) que estos han tenido que soportar a lo largo de la historia (provocadas, dicho sea de paso, por la tiranía del mismo hombre blanco), un sentimiento de compasión o conmiseración protectora que suele expresar, no sólo con el mencionado sufijo diminutivo, sino también con el epíteto “pobre”, en su sentido de ‘infeliz, desdichado y triste’ (“los pobres negros”, se oye decir con frecuencia), circunstancia que no concurre en el caso de los otros grupos humanos mencionados. Ya se sabe que las palabras no son sólo reflejo de las personas, los animales o las cosas que designan, sino también de las opiniones que los hablantes tienen de ellos. Precisamente por eso se dice “negrito” y no se suele decir “peninsularito”, “italianito”, “chinito” o “colombianito”. Y, si se dijeran, difícilmente se entenderían estas voces en el sentido conmiserativo que tiene aquella. La desdicha es una propiedad ajena a las personas designadas con estos gentilicios y, por tanto, no tienen ningún reflejo en ellos. Lo que quiere decir que las connotaciones raciales que lleva aparejado el etnónimo “negro” son mucho más marcadas que las que llevan aparejados etnónimos como “español”, “italiano”, “chino” o “colombiano”, por ejemplo. Precisamente por ello admite aquel usos altamente denigrantes, como demuestran todos los días de Dios esas ollas a presión de pasiones desatadas que son nuestros campos de fútbol, en tanto que estos no. Es indudable, por tanto, que la voz que nos ocupa se encuentra indudablemente cargada de connotaciones racistas, como sugería mi discreta amiga, y que, si queremos evitar estos valores peyorativos, que son incompatibles con la dignidad humana, en los usos que consideramos, por lo menos, es imperativo reemplazar la denominación racial “negro” o “negrito” por la denominación geográfica “subsahariano”, de semántica mucho más neutra u objetiva.

*Catedrático de Lengua
española de la ULL

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